Y llegan esos días. Esos días en
que andas cargando el pecho como si fuese una bolsa de 50 kilos. Una parte de
mi sabe que no pesa tanto. Sabe que el dolor va a pasar. Sabe que detrás de
todo el barullo se esconde el silencio. Un silencio transversal a todo. Que
todo lo conecta y en donde las distancias no existen. Sin embargo, ahí está la
pesadez.
Me mudé solo. Encima es algo
propio. Eso quiere decir que no tengo alquiler. ¡Qué locura! Tremendo
agradecimiento a mis padres. Tengo dos padres de esos que valen oro. De esos
que dejaron todo en la cancha. No puedo estarles más agradecido.
Las cosas en el trabajo van bien,
todo avanza. De salud estoy bien. Las cuentas dan justas pero dan. No tengo
motivos para estar desmotivado, sin embargo, llegan esos días.
Esos días fríos y grises, en
donde la tristeza se infiltra por cualquier lado. Esos días lentos y sin
sentido, en donde miras y miras el facebook y nada te llama la atención.
Siempre aparece lo mismo, una y otra y otra vez. Que el mundo se acaba. Que el
cambio climático. Que el despertar espiritual. Que tales se pelearon con tales.
Que mejor sonreí que hace bien para la salud, bla bla bla.
Esos días, en los que todo te da
lo mismo. Y es eso mismo lo que te pone mal. Es una espiral descendente que no sé
de donde sale ni para donde lleva. No sé lo que busca enseñarme.
Detrás de todo eso yace paz y
fortaleza. Dos piezas que parecen que van a ser útiles para las cosas que se
vienen.
¿Será que la expansión trae esta
pesadez? Supongo que una mariposa cuando está saliendo del capullo sufre y
tiene que pelear contra la crisálida para que las alas salgan fuertes y le
permitan volar.
Me pasa algo raro, es como si
viniese viajando a la velocidad de la luz con todo muy sólido, muy claro muy
definido, y de repente llegan estos días en los que esa claridad explota en mil
pedazos y todo pierde solidez, una especie de sublimación espiritual.
Y cuando todo se hace gaseoso
pasas la mano y no sentís nada. Sin embargo todo está ahí, sabes que está ahí,
hace un ratito nomas era sólido, bien solido, podías palparlo, sin embargo,
ahora se fue. Y los pensamientos, las emociones, las fotos, los recuerdos, las
ilusiones, hasta la música, todo te recorre como si nada…
Y me toca quedarme callado,
sentado en el aire. Esperando a que esa nube vuelva a condesar, a llorar en una
forma más sólida, que con alguna fuerza de aceleración, vuelva a fluir
reconectando con su origen.
