Hace ya más de 10 años, cuando fui a Barcelona, tuve la fascinante revelación de entender que cuando uno viaja, uno de los procesos más transformadores que vivimos es la rotura y transformación de estructuras mentales (patrones de pensamiento), debido a la necesidad de adaptarnos a una nueva cultura.
Cada cultura tiene su sistema de creencias y dentro de ellas, se encuentran las personas habitando ese sistema, y creando patrones de comportamiento, negocios, cultura, y todo tipo de micro estructuras que están dentro de una macro estructura mucho más grande.
Cuando fui para Barcelona, mi transformación fue radical, pero tal vez no tanto, ya que Barcelona tenía una forma dentro de todo parecida a la de Argentina. Me obligó a romper estructuras, pero digamos que la transformación fue similar, fue pasar de un triángulo a un cuadrado, me cambió la cabeza, pero no tanto. De todas formas fui consciente del cambio y lo sentí, lo registre.
Hoy estando en Australia, el shock es un poco más intenso, sin embargo hay algo interesante que está pasando y me motivó a escribir esto y bajar esta información. Por un lado la distancia y el shock cultural entre la cultura Inglesa y la nuestra es muy fuerte. Obviamente no paran de invadir mi cabeza las imágenes del Diego, metiendole un gol con la mano a los ingleses.
Esa imagen siempre me molestó un poco, siempre me incomodó ese festejo a la trampa que tenemos los Argentinos. Parte de mi siente que es ese festejo y el mal uso de nuestra viveza, lo que nos sumerge en un caos sistémico del cual ahora nos cuesta salir y con el que sufrimos y lidiamos en el dia a dia los Argentinos. De todas formas entiendo que esa fue nuestra pequeña venganza a la guerra de las Malvinas.
Ahora sin embargo, estoy dentro de otro tipo de sistema, que creo que fue lo que una parte de mi vino a buscar.
Los sistemas estructurados, de las sociedades “desarrolladas” son sumamente interesantes. Manejan un orden y una prolijidad maravillosas. Al contrario de nuestra cultura latina, medio salvaje, improvisada y desordenada. Acá lo que reina es el orden, las reglas y usar todos estos vértices y líneas, para tratar de mantener una paz y una armonía que en verdad, en el día a día se disfruta y es envidiable.
Cualquiera que pudo manejar por Australia o alguna de estas sociedades ordenadas o más “estructuradas” puede ser testigo que el manejo en este tipo de sistemas ordenados pasa a ser mucho más armónico y placentero, que lo que pasa cuando te toca manejar por Buenos Aires, Dios, que caos.
En este momento soy esta pequeña célula caótica, que dentro de todo trata de mantenerse en su propio orden con sus rutinas, sus hábitos y corriendo sus propios procesos, dentro de una estructura mucho más grande macro y mega ordenada (o eso parece).
Me siento esta mezcla de orden inglés, con caos latino, que de alguna forma maridan extrañamente bien, y pueden dar lugar a uno de los shows más exquisitos que la era moderna ha presenciado, cómo ese partido de 1986.
Ese choque entre el orden y el caos, que continuamente logra crear un orden nuevo a partir de la rotura de lo anterior es un proceso poético que no dejo de vivenciar y no me deja de seducir, fascinar. Es el error que ocurre tocando una pieza musical, y que gracias a eso, descubrimos una canción nueva.
Ese error del que estamos aterrados, que nos aleja de la perfección y que tiene la capacidad de transformar la vida en una obra de humor, si tenemos la capacidad de soltar esa perfección impuesta, y dar lugar a la aceptación de ese error transformador que en verdad, es la verdadera perfección.
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