Estabas durmiendo y en eso te despertás. No entendes bien que pasa. No sabes dónde estás. Lo que sí es seguro, es que tenes que moverte. Tenes que hacer algo. O te apurás o te pudrís. Lo que no se mueve se pudre.
Miras a tu alrededor y no tenes bien claro si ellos están despiertos o si están en piloto automático. Te sentís solo, sola.
Tenes hambre, lees todo el tiempo, por definición sos ansioso/a y absorbes información como una esponja.
Para vos hacerte preguntas existenciales es el pan de cada día. No entendés a quienes se las hacen una vez cada tanto. ¿En qué están pensando? ¿No se dan cuenta de que cada vez vamos más rápido? ¿Y hacia dónde vamos? ¿Alguien sabe?
Buscas de dónde agarrarte y no sabes bien de que. Es esa sensación que alguna vez tuviste de estar nadando y no poder agarrarte de nada. Sin embargo algo bien en el fondo te dice que si te soltás, el agua igual te sostiene.
Ya tenes la base clara, sabés que podés confiar, pero todavía no te animás. Seguís nadando y cada vez te cansas más. ¿Hasta cuándo vas a seguir?¡Como no se dan cuenta!
Pensas. Somos todos cuerpos habitados por almas. ¡Qué manía esta de preocuparnos tanto por el envase! ¡Lo que importa es el contenido! ¡Date cuenta che!
Esta realidad es un “playground” para que nuestros avatares vivan el drama humano y aprendan las lecciones que necesitamos puliéndonos para sacarnos de encima lo que nos sobra.
Sos perfecto/a, y las lecciones que necesitas para pulirte están en frente tuyo, día tras día, como una secuencia que se repite, una canción que se simplifica cada vez más a medida que desactivas las notas.
Cada aprendizaje te acerca al silencio. Cuánto más callada está tu mente menos te confundís. Cada tanto te acordás de cerrar los ojos y te conectas con la escucha. Recordás que los ojos los podes cerrar, pero los oídos no, y eso es por algo. ¡El sonido es más real que la imagen!
Te vas sentando de a ratos, tratas de meditar, tratas de conectar con tu cuerpo, hay algo que te dice que la quietud es más verdadera que todo ese ruido que te tratan de vender. Por más de que elegís los chirridos y los ruidos, hay una parte de vos que busca la armonía, busca la belleza. Entendes en el fondo de que estas son expresiones de la verdad.
Más te duele y más hambre tenes. La jugas de callado/a porque respetas el proceso de los demás. Sin embargo te morís de ganas de que despierten. Que todos estén más vivos.
Después te calmas, te reís, y te das cuenta de que volviste a caer en el mismo error.
Al final, el/la que tiene que despertar sos vos, ja.
A los ojos del maestro, son todos maestros, te decís.
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