domingo, 17 de abril de 2016

Seremos Libres

Seremos Libres

Se reparten las cartas, los corazones se aceleran. Es que el cuerpo necesita estar repleto de hormonas y listo para la acción. Vivimos en tiempos de acción. No hay dudas de eso. Por más de que los periodistas sigan abultando sus blogs con información y discutiendo al aire, la mecha de la libertad está encendida hace rato, y la montaña de pólvora, sigue creciendo.

Ahora es el turno de Uber. Los pobres taxistas se ven indignados. Se les nota el desconsuelo en la cara. En la mesa hay un sitie, pero ellos en la mano tienen un dos. La idignación es profunda, cala hasta el fondo, sin embargo el azar no perdona. Internet tiene vida propia, tiene pulso, tiene un latido, y pareciera ser que este, es cada vez más acelerado.

Los pobres taxistas se agrupan, se amontonan, se unen, se quejan. Parecen estar desesperados. No entienden que la fisura se abrió hace mucho y que para la red que todo lo integra, su momento ha llegado. Los ciega su ignorancia. “Ignorantes somos todos!” Grita otro de los jugadores.

“El tema es que ignoramos cosas distintas” se oye como un eco vibrar la voz del gran Borges.

“Venimos apostando hace mucho” logra modular el Che con un puro en la boca. “¿A algunos nos costó la vida sabes?” le dice el Che al taxista mirándolo a los ojos mientras una nueva carta aterriza en la mesa.

Es la carta final, y uno tras otro van pasando. El cupier se agranda y el dueño del local sonríe. Parece que la casa nuevamente gana la apuesta. La atmósfera se tensa. Se siente un vacío. Ese silencio que antecede al shock.

“Siete y medio” grita una voz aguda y esperanzada. Detrás de la voz hay tenacidad pero también está tranquila. Hay amor, pero también hay picardía. Todos se voltean a mirar. ¿Quién es este nuevo jugador? Se preguntan.

“Es demasiado joven” grita un coronel.

El joven revela su mano y su jugada es impecable.

Su sota es una sota nueva. Todos se asoman a mirarla, se acomodan en sus butacas. Están incómodos. De repente el wisky ya no es tan rico, el puro no es puto y las joyas con las que cargan y se adornan pierden brillo. Es que la sota se robó toda la tensión.

La sota es un caballero, montado sobre un corsel. La conexión entre los dos es abismal. Las patas del corsel se funden con la tierra, así como el caballero se funde con el corsel. CONEXIÓN. Pero a todos les llama la atención el palo. Es un palo nuevo, de una baraja desconocida hasta el momento. La flor. Es una flor geométrica, un símbolo. Algunos abren los ojos, se maravillan.

“Es la flor de la vida” grita Favaloro.

“Yo la vi en mis viajes” agrega Hernan Cortés.

“Yo también” se suma John Locke.

La flor flota sobre la mano del caballero, levita.

“Eso es prana” aclara Einstein, “la energía que todo lo conecta”.

“Así es” asevera Pitágoras. La flor era uno de nuestros símbolos más sagrados”

“Muerte al joven” Exclama Nixon.

Nuevamente se hace silencio. La voz del joven finalmente habla.

“Soy una mensajera. Aún si quieran matarme, no me pueden tocar. Mi vibración es sumamente elevada y encarno dioses. En mi traigo dos fuerzas que son una. Soy hija de Artemisa y pariente de Hefesto. Vengo a darles un mensaje en nombre de toda una generación; la batalla se acabó, ya son libres y sus luchas han terminado. El juego como verán, es nuestro. Ahora solo les resta soltar y disfrutar del espectáculo. Llego la unidad. Lego el bien común.”


Boom


miércoles, 13 de abril de 2016

Lenguaguda

Naces con una misión,
Así es como empieza tu canción,
No hay motivos ni razón,
Para hacer real lo que siente el corazón.

Y que si puedo voy,
Y si no puedo estoy,
Es que ando desesperado,
Buscando por donde andar hoy.

Un paso adelante,
Dos pasos atrás,
Alguien que me diga dónde termina,
Esta realidad que es tan fugaz,

Andas, miras y aprendes,
Es que en todo un significado ves,
Y a la vez que entendés,
Todo se desarma,
Tene cuidado con tu mente,
Tal vez tengas en tus manos un arma.

Te gusta correr a toda velocidad,
Y también sabes bien cambiar de paso,
Por ahí te sea bien necesario,
Si es que algún día se te escapa un balazo.

Sabes también que tenés una espada,
Bien filosa y puntiaguda,
No tan filosa como tu lengua,

Que a veces hasta desnuda.