Hace mucho que no escribo de esto. De hecho no tengo idea ni si hay algún post de compost. Increíble la verdad. ¿Porqué siempre dejamos lo que más nos hace felices para lo último? Somos tan masoquistas a veces.
En mi caso es el compost. No hay otra. Ya en el 2013 venía con un despertar intenso, bajando y procesando mucha data. Solía estar horas viendo documentales y abriendo los ojos a lo que estaba pasando en el planeta y como lo estábamos devorando.
Con el afán de sumar mi granito de arena, de resolver en parte algo del problema actual, fue que empecé a prestarle atención a las lombrices californianas. me parecieron desde el minuto 1 un ser extremadamente maravilloso. También me pareció increíblemente mágico el hecho de que tuvieran la capacidad de descomponer la materia.
Algo a lo que la gente le llama basura, le huye, ni siquiera lo quiere ni mirar, lo desprecia, estos seres tenían la capacidad de transformarlo en el abono más rico que existe. Voilá. Descubrí mi alquimia.
No voy a olvidar más la primera vez que metí las manos en todos los restos descompuestos con las lombrices ahí en medio haciendo su trabajo. Desde ese día supe que lo había encontrado. Quería que todos lo sepan. Que viva el compostaje.
Que vivan los magos.