Chispas somos chispas, que solo buscan extinguirse. Saltando
a un gran vacío, que no deja de rendirse.
Ni bien nacemos lo que hacemos, con el primer latido del corazón,
es poner en marcha nuestra extinción.
Buscamos alumbrar, buscamos ser vistos, buscamos el
reconocimiento, el conocimiento, el renacimiento.
No hay lugar para la pena, no hay lugar para el olvido, si
te miro bien fijo conecto, a veces me olvido y bajo la mirada, a veces me río y
otras veces a carcajadas.
Subiendo y bajando,
por la vida desencontrado ando, no
me pidas más de mí, lo estoy dando todo,
a veces hasta me olvido de seguirme amando,
aunque sea un poquito, aunque sea de algún modo.
Chispas por acá, chispas por allá, quien se encarga de este
vaivén, me termino por preguntar. “Salite de la cabeza, y reite un poco más. La
vida es un sueño, solo tenés que jugar”, me dice una voz por lo bajo, y me
volteo para mirar.
“No hay nada que ver viejo amigo”, me susurra el viento, y
luego lo olvido. “En esta vida vas a ciegas, aunque conozcas el camino”
Y como chispa que salta, sigo quemando. Muy ansioso de a
ratos, aunque con tesón intentando. El fuego quema y el corazón late; ayer, hoy
y mañana, por doquier están tus partes.
Y aunque las palabras no se entiendan, aunque la razón
todavía engañe, ante la presencia de lo prohibido, convencido y bien altivo,
con ganas y bien fuerte, gritaré en el vacío:
“Puta madre hermano, yo esta vida la he vivido!”
