Mi nombre es Martín, tengo 30 años y estudié Ingeniería Industrial en la mejor universidad que pude. Elegí el camino difícil, el resto ya lo tenía bastante fácil. Mi familia no me causó muchos problemas más que los típicos de padres que quieren lo mejor para sus hijos.
Crecí con hambre de saber. Quería entender porque pasaban las cosas, cómo era que funcionaban. Crecí y crecí, estudié todo lo que pude. Siempre fui ambicioso y busqué los desafíos más difíciles que encontraba, es lo que me hace feliz, apuntar al cielo, de última, que puede pasar, a lo sumo pierdo algunas balas… en el entretiempo… todo es aprendizaje.
Avancé y cada vez me hacía más preguntas, encontraba algunas respuestas sin embargo, las preguntas cada vez eran más: ¿Para qué hago lo que hago? ¿Hacia dónde estamos yendo? ¿Porque la gente no sonríe por la calle? ¿Porque solo me conecto con la naturaleza en las vacaciones? ¿Dónde quedó todo lo bueno de la infancia? ¿La vida adulta es sufrimiento?
Y seguí avanzando, convencido de que las preguntas iban a llegar. En el año 2013 me pasó algo que no esperaba. Me encontré solo, en una país ajeno, viviendo una vida que no era mía. Me encontré con que había llegado al final de un camino. Me encontré con que me había olvidado de aquello que me hacía feliz, y de que había mucho en el mundo para hacer, de que el tiempo se me escurría entre las manos como agua, y de que podía ayudar mucho poniendo mi tiempo y energía tratando de desenredar el nudo.
El nudo es ahí donde confluyen los hilos. Es ahí donde los efectos se hacen causa y parecen entrelazarse en uno mismo. ¿Qué es lo que está destruyendo a nuestra especie? ¿Para qué estoy vivo? eran las preguntas que resonaban con más fuerza.
Al parecer todavía resuenan. Sin embargo, a una de ellas ya la estoy desarmando, y por si eso fuera poco, la segunda pregunta tiene que ver con la primera.
Por un lado me empiezo respondiendo, que al no saber nuestros propósitos, andamos medio perdidos, buscando. Buscando para donde ir, buscando nuevas preguntas, buscando el SENTIDO.
Sabemos que hay un mundo mejor, y que podemos ir hacia él. Sabemos que tiene que ver con un día de sol, con muchos árboles y lleno de verde. Algunos lo pintan con montañas, otros con praderas, y muchos más con playas desérticas.
Yo por otro lado estoy un paso atrás, yo ando pensando en las ciudades. En nuevas ciudades verdes construidas casi completamente por materiales naturales. Por mecanismos que no usan energía y que cuidan al planeta de principio a fin.
Ando pensando en una sociedad del conocimiento conectada con la tierra tanto como con sus placeres terrenales. Una sociedad que considera a los bienes materiales como medios con los cuales se viaja, y que finalmente entendió que de la vida no nos llevamos nada, más que las sonrisas que dejamos, y las bocanadas que aspiramos.
Poder se puede, imposible no es nada, ya está escrito, incluso Adidas lo usa para vender sus prendas. El problema de las palabras es que siguen siendo palabras. Hasta que no sentís que te tiembla el corazón por algo, es difícil que sepas lo que es vibrar por un sueño.
El mío ya está perdido, se enamoró hace rato. Ando pensando en estas futuras ciudades noche y día. En cómo construirlas, quienes lo harían, la cantidad de recursos que demandarían, y la tremenda reacción en cadena que tiene que darse para que miles y miles de soñadores se encuentren para trabajar en conjunto por ese nuevo mundo.
Yo soy solo uno. Un pibe que recién está arrancando su vida, que empezó a despertarse de a poco. ¿Qué si voy a llegar? Ni idea. ¿Qué si me estoy pegando palos? Muchos. ¿Qué si estoy solo? Cada vez menos. ¿Qué si estoy loco? Cada vez más. ¿Qué si pienso que se puede? No preguntes boludeces.