Estar arriba es una locura.
Algunos días estoy tan arriba que me da miedo, me da vértigo.
Siento que me voy a caer.
Y de hecho me caigo.
No entiendo porque me da miedo si ya sé que me voy a caer.
Estoy tan arriba que pareciera que mis células están bailando.
Me pongo a bailar, a hacer equilibrio con mi cuerpo.
Puedo sentir a las personas, a lo que me rodea.
Es fuerte, de verdad.
Hace unos años me cayó la ficha de que somos lo que comemos.
Pero no solo comemos por la boca...
Comemos por la piel, por los ojos, por los oídos, por todos los sentidos que conocemos.
Y por todos los que no conocemos también.
Si hablamos de nutrición, hablemos de nutrir el alma.
Esos nutricionistas si que no se encuentran fácil.
¿Y qué me dicen de los alquimistas?
Esas que saben remixar momentos mejor que nadie.
Saben qué combinar, en que proporción y con el timing justo.
Una buena comida, un buen tema, y porque no una buena siembra.
Se está despertando un mundo nuevo, y la tierra no se raja por lo árida,
Se raja porque está naciendo lo nuevo.
Los ciegos siguen gritando: "Oh no, se viene el apocalipsis"
Mas los sabios se ríen por dentro,
Ya que la muerte antecede la vida.
Nada se pierde todo se composta.
Y si tenes ganas de estar arriba...
¿Qué es lo que estás esperando?
¿No te das cuenta de que no hace falta dejar de sufrir para ser?
¿Y si es al revés? ¿Y si primero hay que ser feliz, para dejar de sufrir?
¿Y si la felicidad es una decisión?
No idea, tal vez estoy tirando fruta.
Mejor preguntale a tu corazón.