miércoles, 24 de noviembre de 2021

Un cafe y un helado

Salimos de bailar con Maru. Casi que fue como siempre. Con la salvedad de que esta vez la bajada de data fue bastante clara.

Bailar es una forma de canalizar. Cuando nos salimos de la mente y nuestro cuerpo se mueve al son de la música, la luz, la información baja sola. Y baja lo que tiene que bajar. También podemos buscar creo. Todavía estoy aprendiendo. 

Fueron dos prismas, invertidos casi en espejo, y un mensaje que decía: “Como tu trabajo es definir lo indefinido, tené cuidado, a veces podes terminar definiendo de más, lo indefinido”. Medio trabalenguas, pero ella igual lo entendió, era data para Maru.

Encima, cuando a las palabras las acompaña una imagen, la bajada de información es bastante limpia, una síntesis le llamo yo. De hecho para eso es este escrito, para seguir sintetizando. Lo que pasa es que cuando nos juntamos a hablar con Maru, circula mucha data, y yo al ser tan disperso, tan volador, tengo la necesidad de hacerla tierra, tengo la necesidad de ponerla en palabras. 

Así fue que empezó nuestra charla en Rapanui. Qué rico que estaba todo. De ahí le conté que estoy por dar una charla TED, que típico que cuando ya tenés una creación casi lista, al toque pasa que ya estás viendo la siguiente, o todas las imperfecciones de lo que estás haciendo.

Me cayó la ficha de que nuestra sociedad está construida casi integramente sobre un abuso, porque si te lo pones a pensar nosotros como civilización al ir a tomar los recursos naturales de los ecosistemas y sacarlos a la fuerza, sin respetar nada, sin pedirle permiso a nada, y haciendo como si todo fuera nuestro, lo que estamos haciendo es violar, violentar, abusar de la madre naturaleza. 

A partir de eso, todo lo que viene después, todas las construcciones que hacemos, todo lo que energiza nuestra sociedad, viene de un abuso. Es tremendo.

Ahí fue cuando Maru me explicó que todo empezó con Descartes. Que lo que pasó, fue que después del medioevo, el ser humano se desconectó de su instinto. Que le empezamos a tener miedo a esa parte “salvaje, natural” en nosotros, a negarla, y a tratar de dominarla, controlarla a través de la técnica, a través de “tecnos”. 

En ese momento a mi me vino una imagen de una mano robótica estrangulando un árbol. A Maru creo que no le gustó mucho. Pero bueno, “para mí es eso” le decía yo. Estamos usando la tecnología para matar a nuestra madre, para dominarla. No me extraña la explosión de los movimientos feministas estos días. Después de todo, la energía masculina se descontroló y se usó en gran parte para rendir a la femenina, ponerla de rodillas, y abusar de ella una y otra vez. 

Después de eso, lo que pasó fue que nos empezamos a desconectar de nuestro instinto, a tenerle miedo, a tratar de dominarlo, negando la misma esencia de lo que nos conecta con el planeta y entre nosotros. Empezamos a acallar a nuestro ser, y de ahí surge el tan famoso "pienso luego existo", dejando por completo en segundo plano al ser, a esa parte instintiva no mental que es la que más sabe, la que más rápido y mejor nos guía.

Y ahora, como podemos, estamos desesperados por conectar de verdad, por tratar de recuperar esa conexión con lo instintivo, con lo animal. Más lo negamos, más le escapamos, más tratamos de dominarlo, de acallarlo, más se subleva, más se revela. Estamos queriendo tapar el sol con una mano. ¿Cómo no lo vemos?

“Pero entonces tecnos puede usarse para bien. Podemos hablar de un tecnos sustentable, que nos ayuda a conectar con la naturaleza”, le decía yo. “Si, y también podemos usar al tecnos sustentable, para poner en marcha la regeneración de los vínculos humanos” quiso encarar Maru. Y ahí la corté y le dije, “Bueno bueno, bancá, te me estás adelantando, yo recién estoy tratando de explicar que estamos yendo a contracorriente del fluir armónico de la naturaleza, del universo, y vos ya queres que salte al tecnos sustentable”. Se rió y empezó a flashear con viajar al futuro, y de ahí la charla derivó en como nuestro ser está desintegrado en distintas partes de nosotros viviendo en simultáneo en distintos planos pasado/presente/futuro. 

Si, un delirio un poco, lo sé. Ese tipo de charlas tenemos. Para mí son poesía. Las amo. 

Bueno hasta acá la bajada de hoy. Ya seguiré compartiendo cuando esto se vaya sintetizando más.

domingo, 21 de noviembre de 2021

Mañana de Primavera

Mañana de primavera, es mi mañana favorita. Sin lugar a dudas. Admito que disfruto de todas las mañanas, sin embargo las de primavera, tienen un sabor especial.

Ando con la energía rara, queriendo compartirme en espacios en los que no estoy del todo cómodo. Le ando escapando a la soledad.

Ando buscando, sigo buscando, siempre buscando. En nuestro último encuentro Maru lo definió bastante bien. La sensación es como la de un perro que perdió algo, y está así como olfateando todo, y buscando, buscando a ver dónde se dejó el hueso.

Es una especie de añoranza al origen, a la fuente, a ese lugar del que salen todas las cosas. ¿Dónde está eso que me pertenece? ¿Dónde? Si yo soy tu hijo, si me lo merezco, porque tengo que luchar tanto para conseguirlo, ¿Será que tendré que dejar de luchar? Es mio, es mi derecho, nací para ser feliz, nací para vivir en el paraíso. ¿Dónde está? ¿Tan mal me porte como para tener que estar acá? Como para tener que renacer todos los días en este mundo lleno de odio.

Y las respuestas no llegan. O llegan y son teóricas, y me sigo levantando y abriendo los ojos una y otra vez a un mundo lleno de sufrimiento. “Las dos primera horas del día las uso para aceptar que encarné en la tierra Max”, le dijo en chiste no chiste, a un amigo hace unos días.

Es que es tal cual. Que locura este mundo en el que vivimos. Sin embargo, también sé que es perfecto. “No cae una hoja fuera de lugar” dijo Prem Baba en aquella charla hace más de 5 años ya. ¿Y si el mundo está en las tinieblas, entonces dónde está Dios? “Es que un buen padre deja que sus hijos aprendan por si solos negro”, le comenté a mi vecino la otra noche.

Cuando llevo la mente a los extremos, cuando pienso las cosas bien a fondo, me doy cuenta de que la realidad es casi esquizofrénica. Es bastante difícil para la mente abarcar y entender la totalidad de lo que pasa. El espectro es realmente grande, y nuevamente llego a la misma conclusión...

Tal vez sea mejor pensar menos, sentir más, tratar de afinar más el instinto y moverme con las sensaciones. “Tocar de oído” le digo yo.

Acaba de empezar el día, está hermoso. Sin embargo yo por dentro todavía no. Voy a probar hoy de nuevo, voy a tratar de afinarme un poquito más.


jueves, 4 de noviembre de 2021

Soy Magia

Soy Magia y lo sé. Estoy para adentro, estoy lastimado. Estoy dormido, un poco desorientado. Me rodean

brujos, me rodean almas nobles, y de tanto en tanto, me he lastimado con la proyección de mi propia

ignorancia.


Buscamos el fuego, nos atrae, lo que duele nos cautiva, y me acerco todo lo que puedo, hasta que me explotan mis heridas. 


La palabra intensidad no sirve, ya va más allá de eso. Es una necesidad constante de fundirme con el todo. De abrazar la totalidad, de fluir con ella. Son momentos con una claridad que aterra. Desde lo más oscuro, húmedo, podrido, viscoso, incómodo, cortante y asfixiante, hasta lo más hermoso, suave, perfumado, sanador, luminoso. 


Desde un animal que se desangra colgado y torturado, hasta un gusano de seda que se colma de éxtasis comiendo a lo alto de una colina, sintiendo el aire y el mundo entero que lo abraza y protege. 


Vivo entre dos extremos que buscan reconciliarse. Soy consciente de que tengo que soltar todo eso que me arrastra hasta el fondo, me traba y no me permite mostrarme tal cual soy.


Tengo música dentro, tengo baile, tengo mucho que hace bien, y no logro pararme. Es la sensación constante de muchas manos, muchos hilos que me agarran, que me arrastran, que me quieren llevar a un lugar del que ya no quiero formar parte.


Libertad, libertad, libertad, me gritan las voces rebeldes de mi ser que saben que está ahí, que lo vieron, que saben que quiere salir.


Y yo que todavía lo pienso, y de tanto pensarlo no lo entiendo. No se si es en esta vida, en la que viene, o siquiera de que venía hablando.


Los veo a ellos ahí arriba, jugando, componiendo, actuando, comprando, tirando, mutando, festejando, y me veo a mí y a quienes me rodean acá abajo, mirando el piso, llorando, quejando, y juntando migajas. Es un loquero, es una cárcel sin salida, en dónde todos tienen un tesoro guardado y cada uno es rehén de sí mismo.


Y me estiro y me estiro, tratando de alcanzar la llave. De a ratos la tanteo, la escucho sonar, en estas semanas fue un poco más, sin embargo al final la pierdo, se me vuelve a ir, y vuelvo a la rutina.


Se que está ahí. Se que está cerca. Dale Martín, no la pierdas.