Soy Magia y lo sé. Estoy para adentro, estoy lastimado. Estoy dormido, un poco desorientado. Me rodean
brujos, me rodean almas nobles, y de tanto en tanto, me he lastimado con la proyección de mi propia
ignorancia.
Buscamos el fuego, nos atrae, lo que duele nos cautiva, y me acerco todo lo que puedo, hasta que me explotan mis heridas.
La palabra intensidad no sirve, ya va más allá de eso. Es una necesidad constante de fundirme con el todo. De abrazar la totalidad, de fluir con ella. Son momentos con una claridad que aterra. Desde lo más oscuro, húmedo, podrido, viscoso, incómodo, cortante y asfixiante, hasta lo más hermoso, suave, perfumado, sanador, luminoso.
Desde un animal que se desangra colgado y torturado, hasta un gusano de seda que se colma de éxtasis comiendo a lo alto de una colina, sintiendo el aire y el mundo entero que lo abraza y protege.
Vivo entre dos extremos que buscan reconciliarse. Soy consciente de que tengo que soltar todo eso que me arrastra hasta el fondo, me traba y no me permite mostrarme tal cual soy.
Tengo música dentro, tengo baile, tengo mucho que hace bien, y no logro pararme. Es la sensación constante de muchas manos, muchos hilos que me agarran, que me arrastran, que me quieren llevar a un lugar del que ya no quiero formar parte.
Libertad, libertad, libertad, me gritan las voces rebeldes de mi ser que saben que está ahí, que lo vieron, que saben que quiere salir.
Y yo que todavía lo pienso, y de tanto pensarlo no lo entiendo. No se si es en esta vida, en la que viene, o siquiera de que venía hablando.
Los veo a ellos ahí arriba, jugando, componiendo, actuando, comprando, tirando, mutando, festejando, y me veo a mí y a quienes me rodean acá abajo, mirando el piso, llorando, quejando, y juntando migajas. Es un loquero, es una cárcel sin salida, en dónde todos tienen un tesoro guardado y cada uno es rehén de sí mismo.
Y me estiro y me estiro, tratando de alcanzar la llave. De a ratos la tanteo, la escucho sonar, en estas semanas fue un poco más, sin embargo al final la pierdo, se me vuelve a ir, y vuelvo a la rutina.
Se que está ahí. Se que está cerca. Dale Martín, no la pierdas.
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