martes, 11 de junio de 2024

Romper las estructuras

Hace ya más de 10 años, cuando fui a Barcelona, tuve la fascinante revelación de entender que cuando uno viaja, uno de los procesos más transformadores que vivimos es la rotura y transformación de estructuras mentales (patrones de pensamiento), debido a la necesidad de adaptarnos a una nueva cultura. 

Cada cultura tiene su sistema de creencias y dentro de ellas, se encuentran las personas habitando ese sistema, y creando patrones de comportamiento, negocios, cultura, y todo tipo de micro estructuras que están dentro de una macro estructura mucho más grande. 


Cuando fui para Barcelona, mi transformación fue radical, pero tal vez no tanto, ya que Barcelona tenía una forma dentro de todo parecida a la de Argentina. Me obligó a romper estructuras, pero digamos que la transformación fue similar, fue pasar de un triángulo a un cuadrado, me cambió la cabeza, pero no tanto. De todas formas fui consciente del cambio y lo sentí, lo registre.  


Hoy estando en Australia, el shock es un poco más intenso, sin embargo hay algo interesante que está pasando y me motivó a escribir esto y bajar esta información. Por un lado la distancia y el shock cultural entre la cultura Inglesa y la nuestra es muy fuerte. Obviamente no paran de invadir mi cabeza las imágenes del Diego, metiendole un gol con la mano a los ingleses. 


Esa imagen siempre me molestó un poco, siempre me incomodó ese festejo a la trampa que tenemos los Argentinos. Parte de mi siente que es ese festejo y el mal uso de nuestra viveza, lo que nos sumerge en un caos sistémico del cual ahora nos cuesta salir y con el que sufrimos y lidiamos en el dia a dia los Argentinos. De todas formas entiendo que esa fue nuestra pequeña venganza a la guerra de las Malvinas. 


Ahora sin embargo, estoy dentro de otro tipo de sistema, que creo que fue lo que una parte de mi vino a buscar. 


Los sistemas estructurados, de las sociedades “desarrolladas” son sumamente interesantes. Manejan un orden y una prolijidad maravillosas. Al contrario de nuestra cultura latina, medio salvaje, improvisada y desordenada. Acá lo que reina es el orden, las reglas y usar todos estos vértices y líneas, para tratar de mantener una paz y una armonía que en verdad, en el día a día se disfruta y es envidiable. 


Cualquiera que pudo manejar por Australia o alguna de estas sociedades ordenadas o más “estructuradas” puede ser testigo que el manejo en este tipo de sistemas ordenados pasa a ser mucho más armónico y placentero, que lo que pasa cuando te toca manejar por Buenos Aires, Dios, que caos. 


En este momento soy esta pequeña célula caótica, que dentro de todo trata de mantenerse en su propio orden con sus rutinas, sus hábitos y corriendo sus propios procesos, dentro de una estructura mucho más grande macro y mega ordenada (o eso parece).  


Me siento esta mezcla de orden inglés, con caos latino, que de alguna forma maridan extrañamente bien, y pueden dar lugar a uno de los shows más exquisitos que la era moderna ha presenciado, cómo ese partido de 1986. 


Ese choque entre el orden y el caos, que continuamente logra crear un orden nuevo a partir de la rotura de lo anterior es un proceso poético que no dejo de vivenciar y no me deja de seducir, fascinar. Es el error que ocurre tocando una pieza musical, y que gracias a eso, descubrimos una canción nueva. 


Ese error del que estamos aterrados, que nos aleja de la perfección y que tiene la capacidad de transformar la vida en una obra de humor, si tenemos la capacidad de soltar esa perfección impuesta, y dar lugar a la aceptación de ese error transformador que en verdad, es la verdadera perfección.

lunes, 8 de abril de 2024

Todo es posible

Cada tanto me pasa. Me pasa de entrar en ese reino mental en donde todo es posible. En donde siento que la imaginación no tiene límites. Y de verdad pienso que así es. 


Sin embargo por ahora puedo estar ahí y viajar solo de a ratos. Y te voy a ser sincero, por ahora lo logro combinando algunos inputs externos. 


Creo que tal vez es el café, las pantallas gigantes que tengo en el trabajo, una super conexión a internet y el set de Nora en Pure sonando de fondo. Sumado a un importante flash que tengo dentro, que de a ratos me pide tomar aire, salir. 


De todas formas se que esos inputs externos son temporales. Son agentes externos que solo están estimulando algo que internamente, a mi forma de ver, todos los seres humanos tenemos. 


Dependiendo de nuestras vivencias, de las experiencias que tuvimos en el pasado, tal vez incluso en otras vidas. Todos estos factores y variables, de algún modo nos marcaron, a nuestro ser, a nuestra mente, a nuestras redes neuronales. 


Además, cada vez entendemos mucho más sobre la enorme, sino infinita capacidad que nuestro intelecto tiene. Tal vez el desafío en esta tierra finita, sea el de ser capaces de enraizar todas esas creaciones e ideas que tenemos. Cada vez más nos llega información de lo expansiva que es esta era, y de cómo día a día tenemos al alcance de nuestras manos de forma cada vez más rápida, información, medios y facilidades para concretar nuestros sueños. 


Es un reino hermoso, en donde no existen las limitaciones, en donde podemos imaginar de todo y crear todo lo que nuestros niños interiores anhelan.. Después de todo… ¿No estamos acá para eso??


Parecería ser que llegó el momento de despertar, de expandirnos. De confiar en esa energía superior que nos da vida. Tenemos dos manos hermosas, capaces de hacer un millón de actividades. Dos piernas fuertes capaces de resistir viajes eternos, y una espalda con la capacidad de tolerar tremendos esfuerzos, para cumplir con nuestros deseos más salvajes. 


¿Qué tal si lo empezamos a usar a nuestro favor? 


¿Que tal si empezamos a trabajar para ese orden divino que nos alimenta, y al que estamos conectados? En cierto sentido, este escrito, es parte de eso mismo. 


Hace unos días hablando con un nuevo amor en mi vida, me pregunto por mis valores. Y le conté que uno de ellos era “espíritu indómito”, que en verdad lo saque de Taekwondo. De chiquitos nuestro profe nos enseño que pase lo que pase, teníamos que saber mantener nuestro espíritu indómito, es decir, indomable. Nunca me olvide de eso, y siempre cuide y respete esa parte de mi, que entiendo, es infinitamente sabia, y entiende que es lo que mi niño, mi alma, necesita. 


Después de todo, tal vez sea ese pequeño espacio sagrado que tenemos dentro, el que entiende que todo es posible. Que nacimos en ese reino, y que a ese reino vamos a volver, aunque ahora por un rato nos toque misionar en la tierra, una parte de nosotros, bien en el fondo, sabe de dónde venimos. Y también entiende, que ahí es donde queremos volver.