Mi padre es del cielo. Mi madre de la tierra. Padre de libra que simboliza mi búsqueda del equilibrio, mi ascendente, y mi madre de capricornio, quien me trae a tierra, me baja, hace que me conecte con el mundo de la forma, lo tangible.
Del cielo, el mundo de las ideas, me conecto con ellas con las musas. Ellas que le dieron origen a la palabra MÚSICA. Ellas que son 9 y se comparten y barajan todos los saberes, interconectados claro, algunos de los que el hombre ni siquiera tiene registro.
El mundo de las ideas, como siempre escribo, es la red, la matriz del saber que todo lo interconecta. Ese lugar del que cuando logramos beber nos invade la creatividad y somos capaces de darle forma a cualquiera de nuestros anhelos.
Por eso primero en idea, en aire, en el mundo etéreo, después, más en lo concreto, ya pasamos a la forma, al mundo de la dureza, solidez. Para eso la tierra. Para darle forma al mundo de las ideas, hacerlas realidad. Condensarlas.
Tener la capacidad de conectar los puntos, ver una imagen, imaginar, invocarla, y después poco a poco, empezar a construir aquello que hace muy poco estaba en nuestras cabezas en forma de pensamientos, me parece uno de los dotes más extraordinarios del ser humano.
Somos alquimistas, creadores de la forma. Constantemente dándole forma a nuestra realidad, sin siquiera darnos cuenta del impacto de nuestras acciones. Estamos dando nuestros primeros pasos entre el cielo y la tierra. Tengamos paciencia y perseveremos. Recordemos, amemos, soltemos.
Que vivan los magos.
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