Primero eso. Empezar a descubrir un mundo interior bien interesante. A eso se le sumó el ver que las cosas en verdad a pesar de parecer separadas todas, de algún modo están correlacionadas. Atravesadas por un hilo invisible que las une.
Ya con conciencia sobre el mundo interno, la mirada al exterior inevitablemente también empieza a cambiar. Las percepciones se van ordenando y todo lo que vivimos empieza de algún modo a cobrar sentido. Vamos armando nuestra propia historia, nuestro relato, y buscamos unir los puntos, de repente te das cuenta de que lo que estás viviendo tiene un gran "PARA QUE" por detrás.
A medida que los puntos se van uniendo y que va creciendo lo que para mis adentros le llamo "el árbol", llega un momento en que el cascarón se rompe.
Aclaro: el árbol es algo así como el árbol de nuestras vidas, en dónde cada acto y aprendizaje se correlaciona con uno anterior y nuestra vida sola se va ramificando. Cuanta más percepción y consciencia tenemos de nuestro árbol interior, más podemos recorrer nuestros aprendizajes, más facilidad tenemos para aprender (haciendo crecer las ramas del árbol) modificar (cortándole ramas) o apreciar la estructura que hemos construido. Este concepto me permite trabajarme internamente.
Cuando el cascarón se empezó a romper, sentí que fue porque mi árbol ya estaba para salir al mundo externo. Quería mostrarle a todos eso que estaba haciendo ebullición en mi interior. Fue una especie de despertar, una explosión. Me volví insoportablemente luminoso. Me polaricé.
Supongo que habrá sigo por estar en el polo opuesto tanto tiempo. Tantas charlas internas, al principio inconscientes, y después cada vez más claras.
Que vivan los magos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario