lunes, 19 de marzo de 2018

Crisis

Las crisis son como una tormenta. Más que una tormenta. Todo se agita, se bate, se revuelve. Hay fuegos, rayos, destrucción. 

Por otro lado, también hay claridad. Hay de a momentos, por lapsos muy breves, un rayo de sol que intenta asomarse. Esa pequeña luz que se quiere despertar de entre el revuelo y el caos. 

Las crisis y las tormentas son eso que revuelve, que limpia, que sacude, que hace que las piezas se rocen y se pulan limando las asperezas, rompiendo los contrastes. Sonoramente hay chillidos, alaridos, aullidos, agudos muy punzantes, torsión. Desgarre. 

Y después, tan solo con esperar, contemplar y permanecer atentos, ese rayo de sol se expande, se extiende, se esparce e irradia paz y claridad. 

El silencio acompaña a la luz y también se siente una leve brisa, de aire fresco, de renovación, de libertad, liberación. 

Y ahí nomás se sientan las almas sobrevivientes a meditar a primera hora de la mañana, a sentir el agua abriéndose paso entre las piedras y corriendo por las venas. 

Todo vuelve a estar quieto, a crecer. Todo se ilumina y se recupera ese aspecto de perfección con que fluyen los sucesos. 

Ya no hay recesos, todo parte de los sesos. Con la paz que nos invade hasta los huesos, y nosotros que decimos "Sigamos adelante que con el alma limpia nuestros actos van a generar buenos sucesos". 

Que vivan los magos.

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