Esa insatisfacción, ese sabor insípido.
Esa búsqueda de felicidad fútil, con sabor a poco.
Que si hago un montón no me llena más. Y si hago poco, tampoco.
¿Para dónde es? Me pregunto, mirando a ambos lados del camino.
¿Salgo corriendo o me quedo sentado?
¿Es que ya nada tiene sabor? ¿Es que ya nada me tienta demasiado?
Será cuestión de esperar, será cuestión de tener paciencia.
Tal vez sean ataques de ansiedad, tal vez me tenga que amigar con la falta de eficiencia.
El mundo se corroe, se despedaza y hasta parece crujir.
¿Tengo algo que ver, tengo algo que hacer por este porvenir?
Que vivan los magos.
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