Pase por las tres, no hay dudas, pero una de las que a veces me toma, es la ira. Cuando me enojo me ciego, pierdo claridad, me ahogo.
Fue un día difícil. Ayer lo escuche, empezó ayer. Con una voz de afuera que me trajo la emoción, pero yo ya la tenía dentro.
Hoy a la madrugada me desperté, me desvelé. Estaba enojado, no sabía porque. Me levanté, fui a caminar, y se empezó a abrir.
Repasé el mail en mi cabeza, realmente no lo podía creer. ¿En serio de nuevo esta energía? ¿En serio de nuevo él frenar nuestro todo este sueño por pequeñeces?
A veces pasan cosas que simplemente me hacen perder la fe en las personas. De verdad que hay situaciones que todavía me cuesta aceptar.
El ser humano parece ser tan abundante como escaso. Es capaz de dos extremos tremendamente opuestos. De cosas tan maravillosas como la vida misma, y tan destructivas como la traición.
Somos los dos, está claro. Sin embargo cada tanto vuelvo a tener uno de estos tragos amargos.
Respiro profundo y sigo adelante. Se que odiar no es el camino, enojarse tampoco, hay que arremangarse y seguir, no queda otra, si queremos que el sueño se cumpla, el camino es seguirlo llamando.
Fue un día tan lleno de todo, hablando con gente que está tan arriba que parece que toca el cielo, y también con algunos que están tan abajo que parece que tocan el suelo.
Vamos y venimos, subimos y bajamos, supongo que la clave sigue siendo tratar de mantener el centro, el equilibrio, y no distraerse.
Gracias ira, de a ratos sos una gran maestra, mas por hoy, te dejo ir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario