martes, 22 de diciembre de 2015

despertas

Te despertas. Estas volando. Estas soñando. Te sentís más liviano. La sangre te late por la carne. De repente tenes claridad. Entendes lo que pasa a tu alrededor. Sos psicólogo, sociólogo, ingeniero, físico cuántico, biólogo, escritor, actor, orador, deportista, medico, abogado, sos todos, en uno.

No hacen falta las explicaciones, las leyes que rigen la realidad son las mismas. Y las empezás a entender. Empezas a entender la raíz de las cosas, las relaciones, por eso, podés ver toda la planta. Sos toda la planta. Sos lo que te rodea, te empezás a conectar con tu entorno.

Sentís el aire que te roza, sentís los sonidos que te rodean, tu visión es filosa, baja el volumen de los miedos.

Tu ser se expande, como el humo en un cuarto, y envuelve a tu yo, lo abraza, lo acoge, lo tranquiliza. Le susurra al oído que todo va a estar bien. Que la vida es un juego y que estas acá para aprender, enaltecerte a vos y a los que te rodean, y que estas actuando una película que es la que vas a ver en tu lecho de muerte.

Entendés que cada día es un segundo de esa película, y que es importante que a cada segundo estés enfocado, prestando atención, sintiéndote, sintiendo a los que te rodean, sonriéndoles, y dándoles lo mejor de vos para que todos juntos caminen más liviano.

Es un sueño hecho realidad, es la posibilidad que tiene el alma de sentir la carne, el tacto, el contacto, aprender, nutrirse, y abrazar la dualidad; unión y división.

Tu capacidad de sorprenderte aumenta, te maravillas por los detalles. Encontrás música donde antes solo había ruidos. Valoras el silencio. Entendés lo necesario que es callarte la boca, para escuchar al otro, para dejarlo ser, para maravillarte ante su arte, porque además de estar vivo tejiendo tu película, te rodean otros, que están hilando la suya. Y el tapiz lo están armando todos juntos, cada uno con su hilo, cada uno con su tela, con su color, con su grosor.

A veces el tapiz se rompe, a veces se agarra fuerte. Hay hilos más finitos, hilos más gruesos. Hay parches de seda, y hay espacios vacios. Hay lugares quemados de amores pasados. Hay diversidad, hay historia, es una obra. La del universo. Es nuestra historia, la de la humanidad.

Es la historia de seres que van haciendo lo mejor que pueden. A veces se tropiezan, a veces caen, a veces se enojan, se olvidan bastante, y ahora recuerdan. Recuerdan que todos venimos del mismo lugar, y vamos al mismo lugar. ¿Dónde queda? Ya ni importa, lo que tenemos es el presente, que mejor que exprimirlo.

Empezás a prestar más atención a las letras de las canciones, y descubrís que muchos artistas te están diciendo lo mismo, te están susurrando en sus composiciones, una religión sin dios, una religión que viene de adentro, una religión que sos vos.

Cada vez despertás más, y el sueño se hace cada vez más real, es la parajoda de los que prestan atención. La prestan y la depositan donde ellos quieren, como un regalo. Empezás a ser dueño de vos, los miedos se diluyen más aun. Te das cuenta de que sos un sanador, de que tenés una misión, y que tu visión, guiada por tu corazón, ya no se nubla, ya no hay razón.


Así que sigamos componiendo, ese tapiz de vibraciones de todos colores, de todos sabores. Aceptemos que a veces es rico y a veces amargo, a fin de cuentas, este gran experimento, parece un invento para seguir conociendo, uniendo, latiendo, siendo, queriendo, amando, enlazando, peleando, llorando, mimando, aunando, sintiendo, pensando, armando, rompiendo, temiendo, expandiendo, explotando, llenando y vaciando. Vaciando.  


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