viernes, 4 de diciembre de 2015

La sole

Siento la soledad. La siento bien adentro. En el fondo es un regalo. Debe ser el regalo más lindo que existe. Porque a su vez es bien real, se siente en la carne, en el pecho.

La soledad es un polo, por eso es que a la vez habla de la unidad y la totalidad. Es un vacio inmenso, intenso. Siempre me gusto mirar al vacio. Como cuando te paras frente a un precipicio y de repente valoras más que nunca a la vida. Es por ese vértigo de mirar a la muerte a los ojos. Es eso. Es eso lo que te hace sentir vivo. Por eso la soledad me hace sentir y valorar mucho la compañía. Salto de un extremo al otro. De estar bien solo, a estar rodeado de almas vibrantes que  me arropan y llenan de sonidos el tiempo.

Siento que no me puedo abrir del todo. Cada vez que me abro la gente que me rodea se asusta o me critica. Cada vez que muestro el genio que tengo dentro, recibo agresiones, violencia.

No, no me digas que es un invento mío. Si, se que suena a soberbia. Te juro que no lo es. Todos tenemos un genio dentro, todos nacimos para ser increíbles, pero en algún punto dejamos de creer.

Y las miradas se sienten, se sienten en la piel, son como un balde de agua fría. Sobre todo las miradas de miedo, esas casi que pueden cortar el aire, como si generasen vacio. ¡El mismo que el de la soledad!

Qué paradoja esta realidad. Yo sé porque funciona así. Entiendo que el diseño es perfecto y que esta configuración es la necesaria para que sobrevivan los fuertes. O para curtir fuertes, porque son esos mismos fuertes, los que después brillan mucho más. ¿Cuántos habrán quedado en el camino? Supongo que todos los que no están brillando. Son muchos.


Bueno, este es el desafío que toca, lo afronto, no queda otra, la víctima no juega acá. Pero es jodida la soledad, te persigue banda. 


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