Bueno, tercer escrito de la última hora. Me saqué de encima ya dos bajadas de data para llegar a esta.
Fueron 4 tremendos días. Con muchas vivencias, mucha bajada de información, así que acá estoy. Para ordenar un poco mi mente y dejar todo acá bien lindo, bien asentado, bien hecho tierra.
La cantidad de asociaciones, de registros, de síntesis que hizo mi cabeza en estos días es incuantificable. Siento en dentro de mí un universo. Siento miles de conexiones que se hacen y se deshacen. Explicaciones que se simplifican. Nudos que se desvanecen. Opuestos que se cancelan.
“Es que poner límites y decirle al otro lo que no, es algo amoroso” le dije a Nico Villa mientras caminábamos por Chacra Alimento.
“La coherencia es la Diosa del Ambientalismo Juan, no podemos dejarla de lado. Sin embargo es verdad, tenemos que quedarnos con lo bueno, sin pecar de ilusos, de ingenuos. Ojalá el proyecto salga bien, y se plante el millón de árboles”.
“Se ve que tenías ganas acumuladas de cantar”, me dijo Sofi. “Uyy se notó” pensé. “Si, la verdad que sí”, le dije. “En Buenos Aires no lo hago seguido” pensé. Que vergüenza que se me notó. Como quien no hace el amor hace mucho. Ja.
Son momentos de soltar, son espacios entre. Son portales en donde la mente no está. En donde aparece algo más, es vacío, es eterno. “I am the immortal soul, that illumines them all”. Los reflejos sobre el arroyo. Los reflejos sobre el lago. Estrellas que van y vienen.
Dejar salir la voz, dejarme salir. Mostrarme. Cuando despierta una oscuridad, cuando viene un ataque, darle la mano, acompañarlo a su origen. Es un miedo, es una lastimadura de la infancia. Vení, mirá, así es mejor. Te enseño. Me libero.
Lo hago por mí, no lo hago por vos. Estoy buscando mi libertad. Estoy buscando volver a casa.
“Siento que estamos en la era en que los polos se empiezan a tocar”, con alcohol en sangre, con una pitada de tabaco explotando en mi mente. “Voy a intoxicarme un poco, pero solo una pitada” pensé en el baño. Y ahí estaba. A veces relajo, “no seas tan estricto”, me digo. Humanizate.
La Música siempre un capítulo aparte. De tanto en tanto llega ahí también ese “espacio entre”, ese vacío en dónde se apaga la mente, se prende todo. Es como conectar con todo. El cuerpo se mueve solo, no estoy haciendo nada, y la percepción toca el cielo.
Lo miro a Juan, siento que me mira de reojo. Sabe que estoy muy arriba, pero en su mirada siento el “no te vayas”. Bajo un poco, la careteo. Estoy tan arriba que siento alegría eterna, gratitud. Soy música y ya nada importa. Sin palabras.
De a ratos logro frenar. Logro registrar lo tremendo de lo que pasa. Y pasa sobrio, pasa sin nada. Pasa siguiendo las reglas de los maestros. Pasa viviendo la vida simple. Vaciando la mente, cumpliendo con las escrituras, cuidando el cuerpo, tratando de pensar bien.
Perdonar, agradecer. Observar los resentimientos, dejarlos de lado. Observar las envidias, dejarlas de lado. Observarme, perdonarme, abrazarme. Compartir ese mismo amor con quienes me rodean. Decir que no. Poner límites con amor. Escucharme, nutrirme, valorarme. Tenerme paciencia. Jugar. Cuidarme. Gracias Dios.
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