martes, 7 de noviembre de 2023

Atrapado

Comiendo un postre casero, completamente innovador. Yogur de coco, con trozos de chocolate de algarroba. 

La tecnología nos disparó hacia el infinito. Ya somos capaces hasta de inventar sabores. 

Escribiendo desde un Air BnB. Con un auto nuevo en la puerta. La vida avanza. La materia se transforma y de a poco los deseos se hacen realidad. 

El postre sabe a poco. Por más tecnología que agreguemos, nada sabe como el postre de mamá. 

Australia explota de abundancia material. Igual todavía los australianos se quejan y dicen estar en crisis. Me da risa por dentro. Me gustaría llevarlos a Argentina unos meses para mostrarles lo que es una crisis. 

La casa está vacía. Es demasiado grande y le falta vida. 

Tanta materia estamos trayendo al planeta… No sé para qué tanta. Cada vez hay más cuerpos y menos almas. 

Pasé el día ordenando mi mente en Gold Coast, viajando a Brisbane, compartiendo con los monjes en West End y ahora moviéndome torpe por una casa vacía casi sin espíritu. 

Me escondí en el auto un rato. Me gusta conectar con las poquitas cosas que tengo. Me gusta darle alma a los cuerpos. 

La llamé a ella. Una de ellas. No hablábamos hace mucho. Mi corazón se alegra. Comparte tímidamente. Surgió el cariño y los dos nos escondíamos como niños. 

¡Qué simple es el humano! Decía el maestro de mi maestro. 

Extraño todo, y a veces tanto, que ya creo que extraño extrañar. 

Me fui a la mierda, y no tengo idea de dónde voy a terminar. Aunque me digo a mi mismo que ya no me enojo, se que a veces estoy tan caliente que el mundo me chupa un huevo. 

Pero en verdad es mentira. Porque esa es la misma parte de mi que lo ama. “Ni una hoja cae fuera de lugar” dijo Prem Baba. Todavía me resuena. 

Y me siento atrapado. Entre lo que soy y lo que no. Entre lo que podría ser y lo que soy. Entre lo que fui y lo que seré. 

Necesito meterme al mar. Esta semana vuelvo a surfear.

No hay comentarios:

Publicar un comentario