La Argentina es una bestia. Una
bestia que dio su primer rugido al final del siglo pasado, y después se fue a
dormir.
Estuvo durmiendo medio siglo. Fue
medio siglo de luchas internas, de idas y vueltas, de energía que se desparramó
de un lado para el otro.
La bestia se rascaba, se daba
vuelta y seguía durmiendo del otro lado. Estas cosas a ella no la molestaban.
Estaba inmersa en su sueño. Soñando y soñando con un futuro que nada tenía que
ver con el presente que estaban viviendo sus hermanos.
Sus hermanos estaban devorando
presente, sin prestar atención al futuro. Cosechando riquezas no solo propias
sino ajenas. Riquezas que solo satisfacían una gula inagotable. Tan grande era
su gula que incluso tenían que comer del plato de otros de sus hermanos, los
que dormían.
A ella no le importaba. Seguía
soñando. En su sueño sonreía, se reía de lo que le pasaba en la superficie. Gente
con hambre, suelos contaminados, corrupción, vicios, muerte, miseria,
desprecio, nada de eso la afectaba, ella tenía la energía arriba, bien en el
centro de su cabeza, y la proyectaba al futuro, a los próximos 500 años.
Respiraba y respiraba, siempre con
una mueca de sonrisa en su cara.
Es una bestia fuerte, de pelo
lacio, de tinte blanco, cuasi plateado, son canas. Sus ojos de a ratos
entrecerrados a veces dejan ver una coloración azul intenso, con la profundidad
de un cielo sin horizontes. Sus patas tienen garras, también tiene colmillos,
se nota que es un animal de caza. Su cuerpo tiene la forma de un tigre, pero
más esbelto y corto, con las patas grandes, con mucha musculatura y fibrosas.
Su pelaje es largo y siempre limpio, parece una doncella. Una doncella
guerrera, tal vez una especie de Juana de Arco. Ríe.
Que estará viendo me pregunto yo,
la veo sonreír y me da paz. Sigue volteándose una y otra vez, pareciera que
está jugando. Camino despacio y la rodeo. Ni siquiera nota mi presencia, soy
insignificante a su lado, como quien rodea un parque. Su cabello es hermoso, no
dejo de admirar la paz y calma que me transmite.
Mi mente se llena de preguntas.
¿Dónde está toda esa ira y esa bronca que vemos en los noticieros? ¿Qué pasa
con todo ese desconsuelo, impotencia y desconcierto que siento día a día en la
calle?
De repente, cae frente a mí, uno
de sus pelos. Al caer no hace ruido. Es grueso, parece una soga. Me acerco a
mirarlo. Me intriga su textura, me agacho, lo acaricio. Mi respiración se
calma, mi mente se aclara. Todo se vuelve más lento y sereno. Nunca había
percibido esta claridad. “Las apariencias engañan, lo que ves día a día esta
colmado de ilusión” me oigo decir.
¡Wooooow! Pienso. ¿De dónde salió
esto?
“Soy yo, vos mismo, por fin me
dejas entrar, estuve durmiendo un rato largo ¿Sabes?” me dice una voz que sale
de mi interior. “Vos y tus hermanos estuvieron dormidos mucho tiempo, como yo,
llegó la hora de despertar y ponernos manos a la obra, acaba de empezar la
nueva era”.
¿Cómo, cómo? ¿Qué es esto me
pregunto? ¿Una voz en mi cabeza que nunca había escuchado?
“jaja, si Nico, soy yo, tu ser,
hoy fue el día que elegimos para despertar, seguramente no lo recordás”.
Mi mente se quedó en blanco, no
sabía que decir. Tenía un pelo enorme en las manos, una bestia gigante durmiendo
al lado, y ahora esto. Inexplicable.
“No te preocupes, lo bueno es que
ahora somos dos. Muchos más que dos, somos cientos de personas que están
despertando. Vinimos a servir a la tierra, y este es el momento de desplegar las
alas. Sos un gran guerrero, por eso veías a la bestia así. También la veías
dormida porque ese era el reflejo de tu ser, mirala de nuevo”.
Poco a poco veía a la bestia
empezar a hacer movimientos distintos. Movimientos que nunca antes le había
visto. Sus músculos antes laxos ahora empezaban a tensionarse. El ritmo de su
respiración también cambiaba.
“Ves, ahora todo está
despertando. La vida va a tomar otra forma. El mundo va a empezar a ser más
real. Es una sensación parecida a la que tenías cuando te drogabas, mas ahora
mucho más intensa, porque la vas a empezar a sentir en todo tu cuerpo. En cada
una de tus células. Y a partir de ahora me vas a tener a mí, para acompañarte y
guiarte. Aunque mi voz no siempre va a ser tan clara como es ahora. Tenes que aprender
a escuchar. Vas a aprender muchas cosas nuevas jaja.”
¡Hey, despacio! Exclamé. Todo
esto es mucha información. Me agota un poco. Me está empezando a doler la
cabeza, le dije a la voz.
“Tranquilo, me retiro, por ahora
es suficiente. Disfruta del resto del show”. Y así como si nada, se fue.
Qué raro, pensé. ¿Todo eso salió
de un pelo? ¿Qué podría llegar a pasar si la acaricio?
Me había distraído, la bestia ya
había empezado a despertarse. Estaba erguida limpiándose. Lo primero que note
fueron sus ojos. Nunca antes había visto algo así. Parecía un cielo azul de
pleno día, sin embargo estaba lleno de estrellas por dentro. Tenía miles de
texturas, en todos los tonos y matices de azul. La mejor pieza de arte que
jamás hubiese visto.
La sonrisa no desaparecía en
ningún momento de su cara. La paz que transmitía era desmedida. Qué manera de
sonreír. Entonces pensé en agradecer. Agradecer por poder estar viéndola. Por
disfrutar de su inmensidad, de todo el potencial ese que había estado dormido!
Y ahora estaba despertando, y yo la estaba viendo! Que regalo.
Respire un poco más profundo,
sentí mi cuerpo. Una sensación extraña me invadía. Era una sensación que no
había tenido antes. Eran unas ganas de llenarme el pecho con todo el aire del
mundo. Me sentí más liviano, con una especie de energía renovada.
En eso, me empecé a quedar ciego,
todo se empezó a difuminar. ¿Qué está pasando me pregunte? ¿Y ahora?¿Ahora
dónde estoy?¿A dónde me llevan?
Abrí los ojos en la costanera,
había estado meditando desde las seis de la tarde, ya estaba anocheciendo, y me
había empezado a agarrar frío. Esta primavera fue rara. El clima está
cambiando. ¿Cómo llegué a todos esos pensamientos? ¿Quién fue ese ser que
apareció? Y la analogía de la bestia, ¿Será real?
Cuantas preguntas. Se me hacia
tarde. Junte mis cosas y me subí a la bici. Sentía el pecho mas inflado, me
sentía muy en paz, más tranquilo. En eso recordé la voz…
“Recordá, ya somos muchos, soltá
y cree. Llegó la hora”

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