lunes, 12 de octubre de 2015

La bestia

La Argentina es una bestia. Una bestia que dio su primer rugido al final del siglo pasado, y después se fue a dormir.

Estuvo durmiendo medio siglo. Fue medio siglo de luchas internas, de idas y vueltas, de energía que se desparramó de un lado para el otro.

La bestia se rascaba, se daba vuelta y seguía durmiendo del otro lado. Estas cosas a ella no la molestaban. Estaba inmersa en su sueño. Soñando y soñando con un futuro que nada tenía que ver con el presente que estaban viviendo sus hermanos.

Sus hermanos estaban devorando presente, sin prestar atención al futuro. Cosechando riquezas no solo propias sino ajenas. Riquezas que solo satisfacían una gula inagotable. Tan grande era su gula que incluso tenían que comer del plato de otros de sus hermanos, los que dormían.

A ella no le importaba. Seguía soñando. En su sueño sonreía, se reía de lo que le pasaba en la superficie. Gente con hambre, suelos contaminados, corrupción, vicios, muerte, miseria, desprecio, nada de eso la afectaba, ella tenía la energía arriba, bien en el centro de su cabeza, y la proyectaba al futuro, a los próximos 500 años.

Respiraba y respiraba, siempre con una mueca de sonrisa en su cara.

Es una bestia fuerte, de pelo lacio, de tinte blanco, cuasi plateado, son canas. Sus ojos de a ratos entrecerrados a veces dejan ver una coloración azul intenso, con la profundidad de un cielo sin horizontes. Sus patas tienen garras, también tiene colmillos, se nota que es un animal de caza. Su cuerpo tiene la forma de un tigre, pero más esbelto y corto, con las patas grandes, con mucha musculatura y fibrosas. Su pelaje es largo y siempre limpio, parece una doncella. Una doncella guerrera, tal vez una especie de Juana de Arco. Ríe.

Que estará viendo me pregunto yo, la veo sonreír y me da paz. Sigue volteándose una y otra vez, pareciera que está jugando. Camino despacio y la rodeo. Ni siquiera nota mi presencia, soy insignificante a su lado, como quien rodea un parque. Su cabello es hermoso, no dejo de admirar la paz y calma que me transmite.

Mi mente se llena de preguntas. ¿Dónde está toda esa ira y esa bronca que vemos en los noticieros? ¿Qué pasa con todo ese desconsuelo, impotencia y desconcierto que siento día a día en la calle?
De repente, cae frente a mí, uno de sus pelos. Al caer no hace ruido. Es grueso, parece una soga. Me acerco a mirarlo. Me intriga su textura, me agacho, lo acaricio. Mi respiración se calma, mi mente se aclara. Todo se vuelve más lento y sereno. Nunca había percibido esta claridad. “Las apariencias engañan, lo que ves día a día esta colmado de ilusión” me oigo decir.

¡Wooooow! Pienso. ¿De dónde salió esto?

“Soy yo, vos mismo, por fin me dejas entrar, estuve durmiendo un rato largo ¿Sabes?” me dice una voz que sale de mi interior. “Vos y tus hermanos estuvieron dormidos mucho tiempo, como yo, llegó la hora de despertar y ponernos manos a la obra, acaba de empezar la nueva era”.

¿Cómo, cómo? ¿Qué es esto me pregunto? ¿Una voz en mi cabeza que nunca había escuchado?
“jaja, si Nico, soy yo, tu ser, hoy fue el día que elegimos para despertar, seguramente no lo recordás”.
Mi mente se quedó en blanco, no sabía que decir. Tenía un pelo enorme en las manos, una bestia gigante durmiendo al lado, y ahora esto. Inexplicable.

“No te preocupes, lo bueno es que ahora somos dos. Muchos más que dos, somos cientos de personas que están despertando. Vinimos a servir a la tierra, y este es el momento de desplegar las alas. Sos un gran guerrero, por eso veías a la bestia así. También la veías dormida porque ese era el reflejo de tu ser, mirala de nuevo”.

Poco a poco veía a la bestia empezar a hacer movimientos distintos. Movimientos que nunca antes le había visto. Sus músculos antes laxos ahora empezaban a tensionarse. El ritmo de su respiración también cambiaba.

“Ves, ahora todo está despertando. La vida va a tomar otra forma. El mundo va a empezar a ser más real. Es una sensación parecida a la que tenías cuando te drogabas, mas ahora mucho más intensa, porque la vas a empezar a sentir en todo tu cuerpo. En cada una de tus células. Y a partir de ahora me vas a tener a mí, para acompañarte y guiarte. Aunque mi voz no siempre va a ser tan clara como es ahora. Tenes que aprender a escuchar. Vas a aprender muchas cosas nuevas jaja.”

¡Hey, despacio! Exclamé. Todo esto es mucha información. Me agota un poco. Me está empezando a doler la cabeza, le dije a la voz.

“Tranquilo, me retiro, por ahora es suficiente. Disfruta del resto del show”. Y así como si nada, se fue.

Qué raro, pensé. ¿Todo eso salió de un pelo? ¿Qué podría llegar a pasar si la acaricio?

Me había distraído, la bestia ya había empezado a despertarse. Estaba erguida limpiándose. Lo primero que note fueron sus ojos. Nunca antes había visto algo así. Parecía un cielo azul de pleno día, sin embargo estaba lleno de estrellas por dentro. Tenía miles de texturas, en todos los tonos y matices de azul. La mejor pieza de arte que jamás hubiese visto.

La sonrisa no desaparecía en ningún momento de su cara. La paz que transmitía era desmedida. Qué manera de sonreír. Entonces pensé en agradecer. Agradecer por poder estar viéndola. Por disfrutar de su inmensidad, de todo el potencial ese que había estado dormido! Y ahora estaba despertando, y yo la estaba viendo! Que regalo.

Respire un poco más profundo, sentí mi cuerpo. Una sensación extraña me invadía. Era una sensación que no había tenido antes. Eran unas ganas de llenarme el pecho con todo el aire del mundo. Me sentí más liviano, con una especie de energía renovada.

En eso, me empecé a quedar ciego, todo se empezó a difuminar. ¿Qué está pasando me pregunte? ¿Y ahora?¿Ahora dónde estoy?¿A dónde me llevan?

Abrí los ojos en la costanera, había estado meditando desde las seis de la tarde, ya estaba anocheciendo, y me había empezado a agarrar frío. Esta primavera fue rara. El clima está cambiando. ¿Cómo llegué a todos esos pensamientos? ¿Quién fue ese ser que apareció? Y la analogía de la bestia, ¿Será real?

Cuantas preguntas. Se me hacia tarde. Junte mis cosas y me subí a la bici. Sentía el pecho mas inflado, me sentía muy en paz, más tranquilo. En eso recordé la voz…


“Recordá, ya somos muchos, soltá y cree. Llegó la hora”


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