La revolución de verdad, se hace
con el corazón. Dejando de lado los vicios, que obnubilan la razón.
Queremos legalizar la marihuana,
pero nos fumamos las flores en vez de cosechar y sembrar semillas.
Queremos paz y armonía, pero
reclamamos y gritamos a los 4 vientos, con enojo y rebeldía.
Queremos un planeta sin
contaminación, pero compramos productos de industrias que lo llevan a la
destrucción.
Queremos una economía sin dinero,
pero cuando podemos compartir somos avaros y lo justificamos con nuestra
pobreza. La pobreza es mental. Las monedas digitales ya existen. Y los ricos e
hijos de ricos, que pueden generar un paraíso, lo niegan, y se sumen en el
bullicio de sus vicios.
Queremos trabajar menos, sin
embargo fumamos marihuana y alimentamos la pereza. Para trabajar menos primero
hay que trabajar más. El secreto de la vida está en hacer y después deshacer.
Se planta para cosechar, y se cosecha para plantar.
Queremos más música, mas con
celos de nuestros hermanos cercanos, al mostrarnos sus dones, los criticamos, y
les decimos lo mucho que les falta, sin siquiera asistir a sus funciones. Dios
danos perdones.
El verdadero revolucionario, no
es un visionario, es alguien que tiene un fuego, tan pero tan potente, que
entiende que todo es un juego, y sabe mantenerse fuerte, y avanzar
constantemente, sin dejarse paralizar, por el falso miedo, que en el fondo,
oculta un deseo, y que mal te hacen tus vicios que también te dejan ciego.
Mantener tu vista clara, no es
una elección, es una decisión, que parte bien en el fondo, de tu corazón. Y
cuando no hay nada más, que las ganas de avanzar, cuando las ganas son tan
fuertes, que no te dejan respirar, ahí soltás todo, y te aferras a lo que vale,
a una fuerza divina que nada procrastina, porque en ella yace una soltura
infinita que todo, en presente, ilumina.
Inflando bien el pecho, centrando
los corazones, con el centro de la panza amarillo, apuntando hacia las
intenciones, el estomago en naranja, cuidando las relaciones. Y las caderas
bien rojas, enraizando las misiones, con el ojo que nadie ve, aunando las
visiones, alimentadas por un hilo blanco o violeta que se esparce en todas
direcciones, hacemos vibrar la garganta materializando palabras que resuenan y
reverberan multiplicando cual fractales, todas las sanaciones.
El poder está dentro tuyo, tu
primer misión es despertarlo, ya no creo ninguna de tus excusas, espero que
sepas recordarlo.
Las palabras van y vienen, son
solo formas con un orden, ¡Recordá para que estas vivo! Eso… ES una orden!
Con amor.
Con amor.

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