lunes, 5 de octubre de 2015

La revolución

La revolución de verdad, se hace con el corazón. Dejando de lado los vicios, que obnubilan la razón.

Queremos legalizar la marihuana, pero nos fumamos las flores en vez de cosechar y sembrar semillas.

Queremos paz y armonía, pero reclamamos y gritamos a los 4 vientos, con enojo y rebeldía.

Queremos un planeta sin contaminación, pero compramos productos de industrias que lo llevan a la destrucción.

Queremos una economía sin dinero, pero cuando podemos compartir somos avaros y lo justificamos con nuestra pobreza. La pobreza es mental. Las monedas digitales ya existen. Y los ricos e hijos de ricos, que pueden generar un paraíso, lo niegan, y se sumen en el bullicio de sus vicios.

Queremos trabajar menos, sin embargo fumamos marihuana y alimentamos la pereza. Para trabajar menos primero hay que trabajar más. El secreto de la vida está en hacer y después deshacer. Se planta para cosechar, y se cosecha para plantar.

Queremos más música, mas con celos de nuestros hermanos cercanos, al mostrarnos sus dones, los criticamos, y les decimos lo mucho que les falta, sin siquiera asistir a sus funciones. Dios danos perdones.

El verdadero revolucionario, no es un visionario, es alguien que tiene un fuego, tan pero tan potente, que entiende que todo es un juego, y sabe mantenerse fuerte, y avanzar constantemente, sin dejarse paralizar, por el falso miedo, que en el fondo, oculta un deseo, y que mal te hacen tus vicios que también te dejan ciego.



Mantener tu vista clara, no es una elección, es una decisión, que parte bien en el fondo, de tu corazón. Y cuando no hay nada más, que las ganas de avanzar, cuando las ganas son tan fuertes, que no te dejan respirar, ahí soltás todo, y te aferras a lo que vale, a una fuerza divina que nada procrastina, porque en ella yace una soltura infinita que todo, en presente, ilumina.

Inflando bien el pecho, centrando los corazones, con el centro de la panza amarillo, apuntando hacia las intenciones, el estomago en naranja, cuidando las relaciones. Y las caderas bien rojas, enraizando las misiones, con el ojo que nadie ve, aunando las visiones, alimentadas por un hilo blanco o violeta que se esparce en todas direcciones, hacemos vibrar la garganta materializando palabras que resuenan y reverberan multiplicando cual fractales, todas las sanaciones.

El poder está dentro tuyo, tu primer misión es despertarlo, ya no creo ninguna de tus excusas, espero que sepas recordarlo.

Las palabras van y vienen, son solo formas con un orden, ¡Recordá para que estas vivo! Eso… ES una orden!

Con amor. 

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