El conocimiento es un gran mandala. En dónde todas las palabras y los conceptos están conectados. Variando sus formas según cada árbol de pensamientos, cada mentalidad.
Nosotros invocamos, la realidad se encarga del cómo, de buscar la conexión.
La imaginación es más importante que el conocimiento.
La imaginación es el fluido, el conocimiento la vasija y la curiosidad la linterna, para encontrar la vertiente.
Nuestra mente es como una raíz invertida. Neuronas y neuronas ordenadas según las experiencias, conocimiento adquiridos por cada ser. ¡Qué importante limpiar nuestras raíces! Intentar ordenarlas.
Hablando podemos irnos por las ramas, recorrer nuestras calles, nuestras autopistas, repasarlas, y si nos perdemos, o algo quedó muy lejos, desconectado o forzosamente conectado, siempre estamos a tiempo de (humildemente) reconocer el desorden, reordenarlo.
Cuanto más se expresa un sistema radicular más posibilidades tiene esa planta, ese organismo de desarrollarse correctamente. Nosotros somos un reflejo de eso mismo, albergamos esa inteligencia en nuestro cuerpo.
Por otro lado, unas de las formas de pulir nuestro árbol de pensamientos, es la de contrastarlo con otros, con otras mentalidades, animarnos, exponernos, expresarnos y de esta manera permitir, o dar lugar, estar abiertos al proceso iterativo de reorganización de nuestras ideas. De las secuencias lógicas a través de las que nos estamos explicando o entendiendo la realidad.
¡Tenemos la capacidad de reprogramarnos!
El constante cuestionamiento de nuestras estructuras mentales (programación de secuencias de pensamiento), a través de la autobservación y búsqueda de coherencia entre nuestros actos y forma de pensar, es un ejercicio sano y recomendable para todo aquel que quiera o busque intentar aproximarse a la “mente impecable” como le llama el Budismo. Flawless mind.
Imaginate una esfera de cristal, perfectamente esférica, sin fallas, sin impurezas, a través de la cual la luz puede circular sin obstrucciones. Sin obstáculos. Así me imagino la consciencia Crística (de ahí Cristo). La capacidad de una mente de funcionar en su plenitud sin fallas, entendiendo a la perfección que es lo que sucede, viendo, escuchando y expresando tan solo bien, pues de ahí venimos y ahí vamos.
Que vivan los magos.
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