Me siento a escribir. De nuevo estoy acá. Rompí mi rutina, la desordené.
Hoy me pregunté: ¿Qué es pensar? ¿Cómo se origina un pensamiento?
Las preguntas son maestras, hace poco alguien me enseñó a dejarlas sin responder. Son como mineros que van excavando información, o como un sol que va atrayendo hacia sí, cuerpos celestes, que van formando órbitas, un pequeño sistema de información. Son el origen de un nodo de la red de pensamientos.
Suelo pensar que nuestra mentalidad tiene forma de árbol, y ahora caigo en la cuenta de que en verdad son árboles interconectados, o más bien raíces, con nodos, ramas, un tejido sumamente delicado, del cuál somos artistas.
La mayoría de las personas suele buscar vivir nuevas experiencias, probar tal vez un sabor nuevo de cerveza, yo me despierto a probar si luego de activar mi mente, meditar es más difícil. O a intentar lidiar con esa parte de mi rebelde que quiere romper la rutina una y otra vez. Jugar con mis personajes internos. Raro.
Soy raro, lo tengo que aceptar. Creo que todos lo somos, somos únicos y algo vino cada quien a expresar. La verdadera diferencia que suelo encontrar entre muchas de las personas con las que me cruzo, es lo tanto que me sumerjo. Me encanta sumergirme en el agua, buscar toda la profundidad que puedo, aguantando la respiración lo más posible. Tal vez estén relacionadas.
Me levanto a leer. Rudolf Steiner tiene un efecto en mi mente parecido al que tenía consumir marihuana. ¿Podrán ser considerados los libros como una sustancia? Hace poco le dije a una amiga: leer es como entrar a bucear en la mente de otro.
Estoy un poco perdido, estoy viviendo escaseces que no me tienen bien. Me molestan, me incomodan. Son un incentivo a moverme, a salir de la comodidad a seguir buscando.
Estoy dando algunas clases en colegios. Todas con fines y proyectos diseñados por mi. Procesos de aprendizaje divinos. Salgo con el alma feliz, llena, extasiado.
Ayer terminé una clase y pasé por un piano que había en el colegio. Me senté a tocar. Mientras tocaba hablaba con un niño. Recuerdo que me decía: “Vos sabes tocar muy bien”, y yo le respondía, “No, en verdad no se tocar”. Me miraba sin entender. Después intenté explicarle que tocar un instrumento es jugar, y por eso en Inglés se le dice “Play”.
Fue ahí cuando me di cuenta de que todavía me falta. Los chicos no aprenden intelectualmente. La información fluye de otra forma. Creo que en la primaria aprenden más por analogías.
Qué locura, qué dolor, qué mal uso de las energías como hoy tratamos los intelectos. Los chicos a esas edades todavía no piensan. ¿Cuál es la necesidad de forzarlos? Ah, cierto. Me había olvidado de que vivimos en una sociedad basada en el abuso. La próxima escribo de eso.
Que vivan los magos.
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