sábado, 7 de julio de 2018

Mi herida

Estoy ahí, todavía lo siento, tengo 10 años, soy un niño que vio algo y está dispuesto a probarlo. 

Es temprano, me levanté temprano. Hace dos años que estoy entrenando preparándome para este combate. Desde que vi el potencial del Tae Kwon Do, me convertí en eso. Ya gané dos veces la medalla de oro por mejor deportista. Mi maestro Sagio Nim (Sagium Nim) me está viendo y lo se. 

Ya estoy en la semifinal. Los combates anteriores fueron fáciles. En ninguno de ellos mis contrincantes lograron tocarme. Estoy confiado, tal vez de más. 

Arranca el combate. Este contrincante es mejor, se nota por como se mueve. Arriesgo una patada, dos, puño, se descuida, marco. Me sonrío. Logré vencer su defensa, me confío. Suena el silvato, empieza otro round. Mi contrincante está enojado, algo le molestó. Me ataca, lo esquivo, me asusto, me marca, empieza a brotar la ira. De a poco empiezo a perder el control sobre mis pensamientos. Ahora si que acaba de empezar el combate, y la lucha, es conmigo mismo. 

Caigo en la confusión, pierdo registro de lo que me rodea, de mi cuerpo, de mis movimientos y hasta de mi cuerpo emocional. Sigo luchando, no llegué hasta acá para retroceder tan fácilmente. 

Me enojo, me enojo cada vez más y empiezo a atacar con ira. De repente pasa algo muy raro, casi único, nos marcamos los dos a la vez. Recae la decisión sobre el juez. Marca en mi contra. Explota mi ira, se desata en un enojo que no sabía que tenía dentro. Ataco cada vez con más ira, perdí el control sobre mi mismo, me vuelven a marcar, pierdo el combate. 

Termina la pelea, mi contrincante conoce al juez, se me parte el corazón, mi padre me baja su mirada, se termina de partir. 

Antes, sin conocer mi herida, era débil. Hoy la conozco, la estoy cosiendo y sanando. Conocer tu punto débil, te fortalece. 

Que vivan los magos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario