No se que tan bueno haya sido leer toda esa info de la app, pero lo cierto es que ya algunos clicks me hizo. Este escrito tiene que ver con eso.
De a ratos me confundo, estas semanas vienen siendo muy cambiantes. Ni hablar si a eso le sumamos todo lo que pasa allá afuera. Parece todo una gran locura.
Lo estoy forzando un poco, lo sé. Todavía puedo bajar un cambio más, estar más chill. Pero todavía no me sale. Todavía soy un poco impulsivo. Apenas tengo mi rush de inspiración, me dan ganas de salir a escribirlo.
En realidad un poco la voy entendiendo, es casi como un ocho. Ya me lo enseño Paloma, sin embargo la imagen ahora cobra sentido. Es como una resonancia mutua. Me das, me nutro, lo proceso, lo vibro, te la paso. Te nutrís, lo procesas, lo vibras, y me la devolves. De esa forma se va leveleando. Es una resonancia.
Tal vez por eso me gusta el llamado, porque a una vibración, enseguida se le escucha la devolución. El llamado es sincrónico, el texto, el audio y hasta la videollamada te diría, son asincrónicos. Dicen que el sentido que más nos conecta con lo verdadero, es la escucha.
La app tiene una falla, reconoce ciertos patrones, pero le faltó agregar la magia. Que tal vez suma, tal vez no. Sin embargo el decirte algo, con una intención clara, escuchar como cambia mi tono de voz, y después que del otro lado lo recibís, lo procesas, y vibras sweet words, es música para mí.
Vaya dónde vaya esto, llegue a donde llegue, me duermo sonriendo otra vez.
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