viernes, 4 de mayo de 2018

Ayer

Ayer fue un día tremendo. Arranqué con una charla de "corazón" en un colegio de San Isidro para unos 200 chicos. La presentación no estuvo tan bien como me hubiese gustado. Yo, además, estaba un poco fuera de práctica. De todas formas salió bien, aunque me tocó trabajar internamente mi perfeccionismo, así que lo acepté y traté de fluir lo más posible. Creo que les gustó. (Pd: cuando terminó la charla una chica me pidió si me podía dar un abrazo. Mission acomplished). 

De ahí me fui a la oficina. Me ando moviendo en auto estos días. Algo atípico en mí, sin embargo con la lluvia, fue la mejor forma que encontré para mantener la productividad. De todos modos sigo sosteniendo que el auto en ciudades como Buenos Aires ya es contraproducente. 

En la ofi estuve un rato con Carlita, nuestra admin. Una genia la verdad, la adoro. Charlamos muy poquito y de ahí cocine algo para los dos, en un tiempo que fue record (que maestra que sigue siendo la cocina para mi) y salí disparado para nuestra reunión en L´Oreal. 

L´Oreal es enorme. Un monstruo. Siento que estamos arrancando a trabajar en una organización gigante y ya desde el primer día percibo que somos sumamente necesarios. 

La reunión estuvo buena. Creo que todo fluyó bastante y el desafío laboral para ser bien grande. Ansiedad y nervios. 

Habiendo terminado ahí, salí corriendo, "again" para la casa de Vale Churba a trabajar en el proyectazo de los 700 talleres de huerta. Nos quedamos hasta las 11 de la noche desde las 4 de la tarde armando por tercera vez el presupuesto. Un desgaste y desafío emocional de película. Ojalá se nos de. 

Termine llegando a casa a las 11:20 pm después de dejar unas donaciones en la iglesia, cociné, lavé y me fui a dormir. Así fue ayer. Mucho huevo. A seguir sumando.

Que vivan los magos. 

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