lunes, 7 de mayo de 2018

¿Que querés?

¿Qué es lo que querés? ¿Lo tenés claro? ¿Lo estás viendo en tu mente? ¿Tenés una foto o dibujo de eso pegado en la pared? ¿Qué tanto lo querés? 

A lo largo de esta semana, apareció esta pregunta una y otra vez. No solo para mi, sino para varios de los que me rodean. 

¿Qué es lo que quiero? ¿Realmente lo quiero? ¿Qué estoy dispuesto a dar a cambio para obtener lo que quiero? 

Quiero mudarme solo. Bueno puede que tengas que trabajar mucho, vivir cansado varios años. Tal vez se estrese la relación con tu pareja. 

Cuando tenemos claro nuestro querer y las implicancias que puede llegar a tener, creo que empezamos a ver toda la peli ("see the whole picture", dicen los yankees). 

¿Realmente queremos un mundo mejor? ¿En verdad queremos vivir en paz? Y entonces... ¿Por qué no somos estrictos con nosotros mismos como para trabajarnos internamente lo necesario, lo que haga falta, para sacar de adentro nuestra mejor versión.

Sabiendo cual es nuestro querer, sosteniéndolo en el corazón, casi sintiéndolo en nuestras manos, es que podemos agitar nuestro entorno, contagiar a quienes nos rodean y materializar nuestros sueños.

Para mí no hay punto medio. Cuando un corazón está prendido fuego, se nota, la llama arde y se propaga.

Así como el mal es contagioso, el bien también, lo es más. Tal vez sea necesaria una vibración mayor para sostener el bien. Entiendo que estamos aprendiendo y nos seguimos tropezando con las mismas piedras.

Conectarnos con nuestros sueños, con nuestro querer no solo mantiene la llama viva, es el combustible que reaviva el fuego cuando recibimos un baldazo de agua fría. 

Sigamos queriendo. sigamos tratando, después de todo la vida está para eso, para aprender, para levantarnos. 

Que vivan los magos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario