Hoy tuve o sentí que viví un día completo de paz. Ayer fumé, y eso no me enorgullece, sin embargo lo menciono porque para este relato es relevante. Siempre me castigue mucho a mi mismo. Supongo que es la única forma de disciplinarme que conocía. El castigo es una forma rara de educar. Creo que engendra la culpa.
Ayer traté de empezar a soltarla. Hoy, al igual que cada vez que fumo, me desperté con menos claridad que de lo normal. Supongo que la agoté toda ayer hablando con mi amigo el Vikingo. Como lo quiero, es un tipo brillante, solo que todavía no lo sabe del todo me parece.
Volviendo, me desperté un poco nublado, con más dificultad para activar, para arrancar el día, sin embargo me puse los pantalones de la responsabilidad, decidí dejar en el compost la culpa y chau, a otra cosa mariposa.
La productividad de mi día no fue "wow", mas logré hacer todo lo que quería, motivar a varias personas y mis emociones estuvieron quietas como un lago en un día sin viento. Éxito.
Fue recién a la noche, cuando llegué a casa, después de ver un buen rato de animé (Dios bendiga a los caricaturistas Japoneses), que me cayó la ficha, pensé: "Che, hoy tuve todo un día de paz". Te felicito. Chau culpa.
Que vivan los magos.
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