domingo, 24 de mayo de 2020

Más simple, más fácil.

Volví a casa, comí digerí, lo compartí, lo procese, y lo escribo.

Es una mezcla de todo. No tengo muchas conclusiones la verdad de este encuentro que acabo de tener. Si muchas sensaciones, o pensamientos. Distintas voces que aparecieron de a ratos. Algunas idealizando, algunas amando, algunas distraídas, algunas con miedos, otras ansiando. ¡Que lindo circo que tenemos dentro!

De a ratos era como querer agarrar algo, que no se podía agarrar. O tocar algo que no tenía forma. Hay un lugar en donde no siento absolutamente nada, y se genera un vacío. ¡Que curiosidad me da eso!

Volví a verme a mí mismo apurándome, adelantándome a los eventos. Volvió a aparecer el bajar un cambio. También de a ratos apareció la sincronía. Llegar juntos a idénticos pensamientos, decir palabras casi a la vez. Coincidencias. Son graciosas.

Pero más allá de todo el torbellino, de ese rato que se pasó volando, de una vivencia que fue un lindo mimo, hubieron dos cosas que rescaté fuerte, y me las guardo como un regalo.

La primero fue el sentirme yo mismo. El poder (de a momentos claro), decir cosas con total sinceridad, e incluso verme y descubrir formas de decir las cosas que nunca antes había visto en mí. Me gustó, lo sentí como una expansión. Fue descubrir cosas de mí que no sabía que estaban ahí. Y justamente son des - cubiertas, por la oportunidad de poder decirlas frente a alguien con quien no hace falta máscara, o cubrirse. Gracias.

Y la otra, fue una sensación. Fue sentir paz. No me pasa seguido, ni me ha pasado muchas veces creo. Para tratar de transmitir la sensación voy a intentar hacerlo con una imagen... se siente algo así como cuando miras un lago, o al mar, y el agua está planchada. Un espejo. No se mueve nada. Quietud. De a ratos, el sentir eso, calló todas las voces. Respondió a todas las preguntas. Quiero más de eso en mi vida. ¡Te dejo acá el pedido por escrito señor!

Es más simple, me digo. Está en las cosas chicas. En el té que fue un fiasco, en la frazada de pordioseros, en la merienda que me agarró sin hambre y me hice el bolú, en el frío que vino enseguida. En la casa medio vacía. En un jardín de otoño que de distraído casi no vi. En dejarme el gas prendido y tener que volver a cerrarlo, dos veces. En casi chocarnos en el pasillo y sentir vergüenza. Los chistes, las risas. Vivir el momento, soltarlo y pasar al siguiente. Creo que está ahí. Es más simple. Es más fácil.

¡Que vivan los magos!


No hay comentarios:

Publicar un comentario