Si ya lo sabés.
Sabés que te vas a caer.
Jugás con estar arriba, y lo sostenes un tiempo. Bailas cambias de paso, y lo sostenes por un tiempo. Sin embargo, después de un rato, sabes que es como una ola, y si tratas de hacer como que nada, o estar en una que no es, te vas a comer la cachetada.
Así que mejor, si ya sabes por dónde viene la mano, mejor respetar la onda, y no quemar energía en vano.
Mejor bajar de a poco, y sentir que es lo que viene. Mejor dejarse caer, aflojarse, morir un rato, y regenerarse.
Quien sabe que está cayendo, en verdad no se cae, se deja caer, disfruta de la bajada. Aterriza de a poco, acomoda su cuerpo, y no sufre la frenada.
Saber ir con la vibra, es un arte del sentir. Es algo así como tratar, de conectar con el latir, que la realidad tiene, un pulso constante, el que determina que es lo que se sostiene.
Para aprender a sostener, y hacer la energía fluir, que importante que es, jugar, tratar, de acariciar ese latir.
Somos una hoja, inmersa en el viento. Arañas voladoras, tejiendo en el aire, tratando de aprender a usar sus instrumentos.
Quien sabe que está cayendo, aprovecha la bajada. Y la usa de envión, para la próxima jugada.
Sigamos contagiando, sigamos bocetando. La tierra es nuestro playground, y cuánto más lo cuidemos, más la integremos, más la vamos a ir librando.
De nosotros, de nuestros miedos, de nuestros apegos, de todo aquello que nos frena en este juego.
¡Que vivan los magos!
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