Hace un tiempo ya que vengo pensando en esto. En como hacemos y como es que nos educamos a nosotros mismos.
Además no solo estamos hablando de como nos educamos a nosotros, sino que inevitablemente esto desemboca o es reflejo de como tratamos a quienes nos rodean y también los educamos.
Si partimos de la base de que todo el tiempo estamos aprendiendo, está claro que es sumamente importante que sepamos ser compasivos con nosotros mismos, que tengamos la capacidad de vulnerarnos y que compartamos ese aprendizaje a quienes nos rodean.
El problema radica en que muchas veces, ese aprendizaje nos lleva a ponerle un límite a alguien cercano. Nos toca decirle que "NO" o tal vez ponerle una fecha a un préstamo monetario, por citar algunos ejemplos. Y eso, es realmente difícil. Sobretodo con un ser querido.
Lo que sucede, es que si no ponemos ese límite, no solo no estamos ayudando al otro, sino que nos estamos descuidando a nosotros mismos.
El educarnos cada vez con más paciencia y temple nos pone en un camino de autoaprendizaje continuo y evolución constante.
Hoy esta es una de mis disciplinas favoritas (sea cual fuere el aprendizaje) y se la recomiendo a todo aquel que se considere un eterno aprendiz.
Que vivan los magos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario