Es una fuerza interior que nos ayuda a resistir, a avanzar. A seguir de pie y hacia delante, aunque todo indique lo contrario. A pesar del desgaste, del cansancio. Por más de que la mente se agote, que los músculos ya no respondan, hay una fuerza que todo lo sostiene.
Es en esos puntos, en esos momentos límite, en donde más aprendemos y la vida nos pone a prueba, descubrimos de que somos capaces realmente, "de que estamos hechos" dicen a veces. De oro. No hay dudas.
Me sigue sorprendiendo, y lo digo una y otra vez, lo fuertes que tienen que ser las personas para seguir adelante con estas vidas tristes y apagadas que llevan a cabo en las ciudades. Llenas de gris, de aire con humo, con un sol oculto detrás de bloques de cemento y un ruido incesante que todo lo abarca.
¿Hasta cuando nos vamos a seguir haciendo esto? ¿Es que no vemos la luz que emana nuestra conexión con el mundo natural?
Hay tanta abundancia en nuestras pequeñas acciones del día a día. Hay tantos aprendizajes ocultos en aquello que procrastinamos. Es solo una cuestión de frenar, de bajarle el volumen a la mente, y apreciar, contemplar. La verdad está ahí, en frente de nosotros, esperando ser des-cubierta.
Fuerza de vida es aquello que sostiene todo este gran show, esta gran obra de teatro que muchas veces terminamos dando por cierta y muchas otras olvidamos recordar que todos y cada uno de nosotros somos el protagonista. Podemos cambiar.
Hoy la fuerza está latente, está dormida. Vivimos la vida como si fuésemos extras que contemplan el show desde afuera. Son pocos los que se animan a saltar y a pasar a ser "principales", "estrellas". Requiere de mucho coraje.
Hoy la fuerza sostiene la función, que aunque carente de emoción, todavía produce una a-tracción. ¿Hasta cuando vamos a sostener esta locura? Supongo que será hasta el punto, en que decidamos brillar.
Que vivan los magos.
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