Martín le dice a Alejandro que si se juntan pueden armar una compostera mucho mejor. Alejandro se lo comenta a José. José decide agregarle el diseño y también piensa en sumar a Mariano. A Mariano la idea le encanta, se ofrece para armar la logística.
Se juntan los 4. La idea tomó forma, se escaló, ya tiene varias patas, es un sueño compartido, está más cerca de ser realidad. Los 4 se enredaron.
Martín postea en Facebook lo que acaba de pasar y Pilar comenta. Atrás de Pilar aparecen Lucía y Tomás que también quieren ayuda y están dispuestos a enredarse. Se empiezan a dar cuenta que algo los une, que el deseo es colectivo.
Los primeros años son duros, cuesta ponerse de acuerdo, aunque el sueño es compartido, todos son muy distintos, hay muchas personalidades fuertes, y el interés personal a veces le gana al común.
A medida que va pasando el tiempo, las diferencias se ablandan, los roles se cristalizan y el beneficio común reluce mucho más que el propio. Después de todo, somos a través de los otros.
Las heridas se van cerrando y de a poco empieza a fluir la energía del reconocimiento. Las charlas se vuelven más sencillas, menos mentales, más de corazón.
Los lazos del corazón son como las enredaderas, puede que tarden en crecer, sin embargo cuando brotan, dejan todo verde, como en primavera.
La red de coincidencias se va agrandando, cada vez son más los corazones que quieren sanar al planeta. Seamos pacientes compañeros, nuestro éxito es inevitable.
Que vivan los magos.
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