jueves, 26 de abril de 2018

Poner límites

Una de las lecciones más difíciles que nos toca vivir es la de poner límites. A veces sin querer, por tratar de agradarle a otro o confiar en demasía asumimos que esa persona va a actuar como nosotros lo haríamos, sin embargo eso no sucede y terminamos frustrándonos y lastimados. 

Me queda claro que cada quien ve y entiende la realidad a su manera y obra según su propia lógica. El problema aparece cuando una lógica se quiere imponer por sobre la otra, o de hecho, se impone. 

Llega un punto en que si no definimos que es lo nuestro, que es lo que queremos, y no ponemos límite, nos ponemos en riesgo a nosotros mismos y a nuestros deseos.

Poner un límite significa comunicar con claridad que es lo que NO queremos, o donde es que el prójimo nos está invadiendo o molestando. 

Decirle a un ser querido o cercano que por favor se ubique y deje de imponerse por sobre nosotros o que deje de hacer algo porque nos daña o molesta, es difícil, es un desafío. Nos lleva a vulnerarnos casi por completo y a hablar desde el corazón. 

"Disculpame, podrías dejar de hacer eso, me hace mal"

"Juan, me siento realmente incómodo con tus comentarios despectivos hacia las mujeres, ¿Podrías dejar de hacerlos?".

"Estimado jefe, a veces en nuestras dinámicas de trabajo me siento maltratado, me gustaría tener una reunión para hablar del tema".

"Amor, a veces siento que tomás decisiones por mí e interrumpís mis procesos personales, por favor no lo hagas más".

Podemos ponernos límites con amor y ayudarnos entre todos a vivir mejor. Sepamos decir que NO. Sepamos elegir lo bueno. Un mundo mejor es posible. 

Que vivan los magos.

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