Domingo a la mañana. Tame Impala sonando de fondo. Tami haciendo galletitas. Las plantas ya están regadas y fertilizadas. La visión se aclara, las aguas están en paz.
Una de las grandes virtudes del ser humano, a mi entender, es descubrir sus propios errores, sus propias mentiras. Todos (o casi), en algún punto nos estamos mintiendo, estamos yendo en contra de nosotros mismos. Estamos pecando. Eckhart Tolle explica en uno de sus libros que "pecar" es justamente eso, errar al blanco, siendo el blanco, nosotros mismos.
Y como con todo descubrimiento, una vez que nos encontramos con el error, con la falla, con el desperdicio, la pregunta es...¿Qué hacemos con el? La respuesta es simple, lo compostamos, lo usamos para abonar aquello que queremos que viva. El primer paso es reconocerlo, aceptar que el error, el desecho, es parte de nosotros y que cuánto más rápido los reconozcamos y los transformemos en algo dulce, más abono vamos a tener en nuestras vidas, y con el vamos a poder fertilizar el mundo que nos rodea.
Por lo general hacemos lo contrario. No reconocemos nuestros errores (desechos) los acumulamos, y todo agricultor sabe que lo que se acumula se pudre, y lo que se pudre huele mal. Nadie quiere oler mal. Entonces... ¡A reconocernos! ¡A compostarnos!
Que vivan los magos.
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