Sube y baja. Sube y baja. Sube y baja. Es casi un mantra de esta realidad. De a ratos estoy arriba y de a ratos caigo sin piedad. La marea, la temperatura, la sed, el hambre, el sueño, la lívido, la motivación, las ganas, el sol, la luna, el trabajo, los vínculos, todo es un vaivén. A veces está arriba y a veces está abajo.
De chico tuve la dicha de practicar surf. Fue un gran regalo que me dio la vida. Y cuando estás ahí en el agua esperando las olas, de repente tenés tiempo y la cabeza se aclara. Podes ver. Mirar de verdad. Con los ojos del corazón. Y cuando el corazón mira, alinea la razón, la pone a su servicio.
Noté como el paisaje parecía estar sincronizado. Como las olas de sonido de los niños en la playa y las del agua, iban tocando una sinfonía. El viento también hacía su parte. Todo estaba bailando alrededor mío y yo tenía el privilegio de ser ese gran espectador. Yo era el sol de todo eso que giraba a mi alrededor. Y poder contemplarlo desde esta perspectiva, era magia pura. Un regalo.
Esa fue otra de las grietas. Había algo más detrás de la enseñanza que había recibido. La realidad era mucho más y más simple de lo que imaginaba. Había patrones detrás de las cosas y cosas entrelazadas generando patrones.
Todos estos pensamiento se me infiltraban en silencio, me invadían de a montones, y yo ahí solo, en medio del mar, esperando las olas.
Que vivan los magos.
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