Saber. Suena casi como sabor. Qué difícil que es saber. Saber es algo así como poder responder 360 grados a la redonda las preguntas sobre un tema. ¿A qué me refiero con esto? Si sabemos por ejemplo sobre alimentación, es decir que comprendemos, entendemos e incluso imaginamos y creamos sobre ese NODO de conocimiento, tranquilamente, y desde la paz vamos a poder responder, visualizar y dominar los enlaces de este NODO con otros. Al menos la parte que le corresponde a la alimentación.
Bajémoslo un poco más. Vamos a poder, por citar un ejemplo, explicar la correlación entre la alimentación y las funciones y mecanismos del cuerpo. Vamos a saber explicar como es que los nutrientes de un alimento se incorporan a nuestro organismo. Sabríamos responder que carencias dan lugar a que enfermedades, sabríamos explicar la relación entre la química de un alimento y la de nuestro organismo.
En fin, deben haber muchos ángulos más y no soy el indicado (aún) para exponerlos. Hay quienes saben (o saborean el conocimiento) más y quienes lo hacen menos. Cada quien se divierte a su modo, y le gusta bucear en su profundidad.
Supongo que el trago amargo viene cuando alguien (que dice saber o que nosotros suponemos que sabe) nos da algo, cuándo esperábamos otra cosa. Qué fracaso. Qué maestro el fracaso.
Saber es lo bueno y lo malo. El funcionamiento y la falla. Es poder recorrer un tema de principio a fin y viceversa, sosteniendo el hilo conductor, y para los más osados y ocurrentes, incluso arriesgarse a alquimizar una nueva creación.
Que vivan los magos.
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