Sin lugar a dudas, desde que nos conocimos, todo cambió. Yo ya estaba en un proceso interno complicado, y se que en algún rincón de mi ser, estaba también rezando para que esto pase.
Nos conocimos de casualidad... No, casualidad no, las casualidades no existen. Fue más bien destino, propósito le digo yo. Para algo estamos vivos.
Mi vida empezó a cambiar porque me empezaron a cambiar los ojos. Empecé a ver las cosas con más sabiduría.
Mi vida cambió porque empezaron a morir falsas creencias: "¡El cansancio no existe! Lo que falta es motivación".
Mi vida cambió porque empecé a aprender a escuchar y a hablar desde el corazón.
Acá, es esto. Acá está el climax de este escrito...
Mi vida cambió, sobretodo, porque estoy empezando a pensar con el corazón.
Años y años de estudiar ingeniería, me mal acostumbraron. Me llevaron a creer que usando mucho la cabeza y que afilando mi intelecto, podía resolver lo que sea, falso. Es con el corazón.
Cada vez que nos cruzamos, en nuestro ejercicio de intercambiar opiniones, en donde la única regla es decir la verdad, inevitablemente empecé a ejercitar el mejor músculo de todos, el que realmente nos puede guiar al éxito, el corazón.
Que vivan los magos.
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