Claramente la estructura familiar del siglo pasado, no estaba funcionando del todo bien. La monogamia tiene muchas limitaciones y la sociedad lo empezó a notar.
Sin embargo, a medida que el amor iba aumentando y que las mentes se abrían a nuevas ideas, empezaron a cambiar poco a poco las relaciones entre las personas.
Está claro que algunas cuestiones básicas como que un padre para ser padre debe estar presente, o que una madre aunque tenga hijos de dos padres sigue siendo responsable por ambos dos, fueron triviales para que la sociedad pueda empezar a aceptar esta nueva vincularidad.
Ésta transformación de los vínculos y relaciones fue fundamental para este nuevo mundo que empezó a nacer. Obviamente que para un hombre amar a más de una mujer, o para una mujer amar a más de un hombre, se requiere mucha más responsabilidad y compromiso que en la monogamia. Creanme que tengo amigos que por pensar que ser padre era sembrar y nada más, hoy se encuentran terriblemente desafiados para llevar el pan a varios hogares y educar a todos sus hijos.
El empezar a romper la monogamia, lo que volvió a habilitar para los seres humanos, fue un sentido de comunidad mucho mayor ya que inevitablemente empezó a hacer falta la ayuda mutua para sostener familias tan asimétricas.
Ahora los hombres y sobretodo si tienen varias bocas que alimentar y también considerando que dos hombres eligieron amar a la misma mujer (y que ella eligió a ambos dos también), deben colaborar mucho más entre ellos para educar a sus hijos, sobre todo buscando la coherencia y armonía entre los mensajes y enseñanzas que le transmiten a un hijo todas las partes.
Una madre con hijos hermanos de dos padres distintos hoy debe contar con la capacidad de sintetizar las contradicciones de los padres y una y otra vez buscar un punto medio para que ese ser que está creciendo no genere divisiones en su interior.
Continuará...
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