Una y otra vez, creo que el proceso de auto iluminación tiene más que ver con dejar ir, que con aprehender (agarrar).
Una de las grandes motivaciones de mi vida, es la de pulirme día a día y tratar de sacar mi mejor versión a la luz.
Cuando estoy hablando, cuando estoy meditando, no dejo de imaginarme la figura de un ser luminoso, recubierto de innumerables cáscaras que se va despedazando. Las cáscaras son finas, como del grosor de un papel, sin embargo son más duras, como si fuese corteza.
Se va descascarando de a poco. Son tantas y están tan solapadas que les cuesta desprenderse. A veces para que se termine de caer una de arriba, también hace falta que se desprenda la de abajo.
La parte más luminosa de este ser, está en su cara, en su garganta y en su pecho. Hoy donde más se sigue descascarando es en el pecho y está llegando a los hombros.
A medida que nos vamos deshaciendo de todos esos pensamientos y viejos patrones que nos condicionan, vamos sintiéndonos más leves, más livianos, somos más sostenibles, pero en espíritu.
Creo que también nos volvemos más luminosos y/o brillantes y hasta también espejamos o rebotamos más los pensamientos y vibraciones bajas.
Descascararse para mi se convirtió en una filosofía de vida y cada vez que puedo, me concentro en esta imagen y dejo que sigan cayendo las cáscaras, las máscaras.
Que vivan los magos.
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