Domingo. Domingo de agua. Me despierto y hoy estoy con ella, mi compañera. Hoy mi otra mitad. Ella que me quita la soledad, me ayuda a recordar que no estoy solo, que además de la práctica solitaria de amarnos a nosotros mismos, hay quienes nos abren su corazón para que podamos vernos reflejados. Para que podamos poner en marcha la extraña alquimia del amor. Esa montaña rusa de sensaciones que a veces hasta nos da miedo saber hasta donde nos puede llevar.
Lo que creo que pasa es que la forma en que pensamos ya no va más. Se puso vieja. Se oxidó. Y ahora la realidad nos pide a gritos, nos suplica que cambiemos la forma pensamiento.
El pensamiento también tiene forma. ¡Es hora de empezar a darle forma a aquello que no vemos! Grita mi corazón.
Y de repente este ejercicio de escribir cobra sentido. Justo después de un pico de bajón. Justo cuando mi cabeza me estaba preguntando: ¿Para qué estás haciendo esta pavada? Pavadas hacen los pavos, yo escribo.
Escribo porque se lo que siento, escribo porque mi elemento es el aire y mi don hacerlo tierra. Para eso estoy acá, para transformar el mundo de las ideas en estructuras orgánicas que faciliten la regeneración de la tierra.
Vos también estás acá para algo. ¡No sos un accidente de la creación! Ese pensamiento es compostable. Mutá, transformá, cambiá. Es hora de re-generar.
Que vivan los magos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario