Termino de tocar la guitarra y me siento pleno, recargado, ya volvieron a mi las ganas de crear, de hacer, de ser.
Voy a revisar la compostera, la revuelvo, la miro atento. Las lombrices están sanas, encuentro huevos. Se están reproduciendo y produciendo buen humus y lixiviados. Junto los lixiviados, agarro la regadera y me voy a la terraza a atender mis plantas.
Me siento un pequeño agricultor, lo que estoy aprendiendo de plantas y de abonos en este último tiempo es impresionante. Reviso los fertilizantes que están fermentando, armo las mezclas y me pongo a regar.
Las plantas están sanas y la cosecha va a ser buena. Me regocijo pensando en toda la gente que vamos a poder curar esta temporada. Me siento bien por soñar, pensar y querer hacer el bien. Estoy en paz conmigo mismo.
Termino de fertilizar las plantas aplicándoles los lixiviados foliarmente (en las hojas), las miro un poco más, las huelo, ordeno, limpio todo y bajo.
Riego las plantas del balcón y la compostera. Estas requieren menos atención. Guardo todo y me voy a desayunar.
Abro la heladera y dentro está llena de frutas. Hice la tarea y estoy bien abastecido. Elijo un mango, un durazno, un melón y una manzana. Corto todo, le agrego maca, coco rallado, maníes, avena, aceite de maní y pasta de maní.
Con el bowl lleno, una sonrisa en el corazón y las ganas de ponerme al servicio del mundo, empiezo mi día.
Que vivan los magos.
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