viernes, 16 de febrero de 2018

Vaciar

Cada tanto toca. Es difícil no lo niego, no estamos acostumbrados a la vacuidad, no la conocemos. 

Todavía recuerdo aquella cena en la Farola de Olivos con Fiorella cuando me habló de la birome. Me preguntó que qué era esa birome mientras la señalaba. Respondí que una birome, y ella me corrigió. Me dijo que estaba equivocado, que eso dependía de quien mirara el objeto. Que para un perro esa birome iba a ser un tuvo plástico, tal vez un juguete, por ejemplo. 

Ese simple relato hizo un click en mi mente, recuerdo como se generó un profundo vacío dentro mío y todo pareció cobrar vida. De repente estaba sumamente atento a todo, podía percibir mucho más detalles de lo que sucedía en el restaurant. Duró tan solo unos minutos. Por primera vez creí haber sentido la vacuidad. 

Me reconozco ignorante de estos conceptos, por eso es que trato de usarlos con cuidado. Vaciar nos permite ordenarnos internamente, dar lugar a lo nuevo. Lo podemos lograr saliendo a correr, tocando un instrumento, haciendo yoga o sentándonos a meditar. Hay tantas formas de vaciar como personas que se lo propongan. 

Vaciar es soltar, es reconocernos simples, es bajar el ritmo de la mente y simplemente sonreír por estar presentes. 

Que vivan los magos. 

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