El cielo se pone gris, se acerca la tormenta. Suenan los bajos sostenidos, los músculos se contraen, el cuerpo se tensa, las ideas se amontonan, se disipa la claridad. Hay olor a podrido. Los ojos se ponen rojos, el latir se acelera. Llegó la oscuridad.
El alma se llena de miedo, se achica. El corazón duele y el estómago también. No sabemos que hacer. Todo está inmóvil y se pone pesado. Sos vos contra el mundo, estás cansado y ya no querés luchar más. Tenés ganas de soltar todo, de rendirte. Estás empantanado hasta el cuello, sin embargo solo querés flotar, soltar. Mires para donde mires, las salidas están cerradas, hay sombras cubriéndolas. Hay caras de vos que nunca supiste que existían. Caes de rodillas.
Empezás a rezar. Recordás la fe. Después de todo hay algo adentro de la carne. Hay un mundo oculto. El afuera es insoportable, no lo aguantás, te vas para adentro.
Al principio aparecen los juicios, los miedos, capas de confusión. Ahora ya estás volando, encontraste un mundo nuevo en tu interior.
Hay luz.
Que vivan los magos.
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