lunes, 5 de febrero de 2018

Vaciar

Me estoy vaciando. Sacando todo afuera. Ya ni importa lo que pienso, ni si lo que se hace es a mi manera. Mis sueños, mi mundo, mis ganas, mis creaciones, a veces son mías y a veces me las roban a los tirones. 

¿Me valoro? ¿Me expreso? ¿Me expongo? Mejor que hago un Nespresso, y me voy a trabajar solo al fondo. 

Quiero que las cosas cambien, que el mundo mejore. Quiero que la gente tenga casa y comida y que los jubilados puedan morir en paz, los últimos años de su vida. 

Los políticos no me dan asco por lo ambiciosos, o por corruptos, me asquea su cobardía, que les falten huevos. La Argentina está desordenada, está descontrolada. Se rompió el pacto social, ya nadie confía. 

Se a ratos soy amigable, soy suave. Quienes me rodean quieren jugar conmigo. Soy amable. Sin embargo me empalago fácil y rápidamente me vuelvo detestable. ¡Que inestable, que cambiante! No me jodas, correte de adelante. 

Y sigo y sigo buscado, con la firmeza de un comandante. Se que a poca distancia se encuentra mi tan soñado mundo abundante. No es un delirio, ni tampoco un sueño, son creaciones bien fáciles que llevo por dentro. 

Correré hasta lo que den mis muslos, pensaré hasta que me duela el bocho, frenaré, meditaré, soñaré, pero lo que me tengo que prometer, es que nunca, pero nunca, dejaré de perseguir, eso que cuando pasa por mi corazón, lo hace latir. 

Que vivan los magos. 

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