Despierto. Otra vez. La temperatura es ideal. La ciudad está en silencio. Son las 7:15 am. Estoy bien, todo va según lo planeado. Según lo destinado. A la vez se que puedo cambiar mi destino. Somos protagonistas y también el guión está escrito. A veces es difícil entenderlo, aceptarlo.
Ando con ganas de meditar, con ganas de ir un poco para adentro. También hace ya varios días que no hago deporte, que no pongo en movimiento mi cuerpo, mi tierra. Que gran desafío que es poner en movimiento y equilibrar todos los aspectos de la vida. Tener la casa en orden, tener en movimiento el dinero, mantenernos en forma, ayudar a quienes lo necesitan, cumplir con los objetivos laborales, ayudar y estar presentes para la familia, brindarnos a la pareja, mantener nuestro hogar, y la lista sigue.
Algo no anda bien. La forma en que nos organizamos es demasiado demandante. Todo el tiempo al parecer estamos tensionados, corriendo, tratando de atajar los problemas. Estamos todos juntos en la ciudad, pegados uno arriba del otro. Sin embargo a la hora de ayudar a un vecino las distancias parecen ser eternas. Nos encimamos, vivimos en las ciudades como si fuesen un hormiguero, mas la gran mayoría reconoce que le falta espacio, parece como si nos asfixiáramos.
Lo que nos pasa le pasa al planeta. Somos la misma cosa. Indivisibles el uno del otro. Un gran organismo vivo que todavía no aprendió a caminar. El planeta también se está asfixiando, el aire se está contaminando, cada vez tiene más gases disueltos.
Y lo más difícil de la vida esta que nos toca, es que parecería que ya no hay maestros. Pareciera que están dormidos. No solo nadie nos está enseñando, sino que al parecer hemos perdido las ganas de aprender, de aprehender, de seguir intentándolo.
Soy necio e insisto y persevero, tenemos que ser cada día más impecables, más coherentes, disciplinarnos, las batallas que se vienen van a requerir todo de nosotros sobretodo por que son contra nosotros mismos.
Que vivan los magos.
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