Me desconecté un poquito. Fueron unos 2 días. Ya volví, ya estoy acá. El piso está un poco sucio, la casa no del todo en orden, pero nada que no se pueda solucionar bailando y con un poco de música.
Esto de escribir me parece una locura. Claramente me está cambiando la vida, me está formando de un modo que no imaginaba. Me ayuda a ordenar mis ideas, a pensar más despacio. Que valioso que es saber bajar un cambio en este mundo tan compulsivo.
Nos vamos por las ramas, queremos expandir nuestras fronteras. Sin embargo, lamentablemente a veces lo hacemos de forma inconsciente, tratando de escapar, a punto de perder el eje, y después nos cuesta volver. Nos cuesta retomar el hilo.
¿Que hilo? ¿De que es el hilo? Es el hilo de la intención. Es el hilo que nos une, la línea de vida que sale de algún lugar cerca del ombligo y nos permite conectarnos a esa fuente, ese elixir. Ese Santo Grial del que podemos tomar y perseguir, para vivir sonriendo y cada día alegremente caminar un paso más hacia la muerte.
Es el cordón umbilical del propósito. Es eso que nos une con nuestra razón de ser. Es en torno a lo que orbitan, giran nuestros dones, nos hace brillar desde mucho antes de nacer.
Cada tanto lo siento, a veces casi que lo veo. Ahora mismo se encendió un poco. Es como si brotara fuego. Que abundante nuestro mundo interno, hay todo un paraíso ahí latiendo. En cuanto lo empecemos a sacar, se acaba este infierno.
Que vivan los magos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario