Ya escribí sobre el fluir. Estoy casi seguro. Ésta es una nueva vuelta de la espiral.
Aprender a fluir es una de las grandes maestrías que hoy tenemos disponibles. Tal y como decía en el post anterior, vivimos en un gran útero lleno de líquido y uno de los grandes aprendizajes es saber cómo movernos dentro de él. Como viajar por el planeta en armonía con lo que nos rodea.
Tenemos la capacidad de que nuestros movimientos se vuelvan uno con los de nuestro entorno. Tal y como pasa con un jaguar, o un árbol. Cuando vemos una criatura del mundo animal, nos damos cuenta de lo tremendamente armoniosos que son con lo que los rodea, es como si no hubiesen resistencias.
Nosotros, siendo partícipes de la creación, y parte de ella, también podemos entrar en ese fluir. Podemos viajar y atravesar esta realidad sin que nos genere resistencias, y para eso la gran maestría está en soltar.
Si soltamos fluimos, nos armonizamos. Vamos por el mundo relajadas, pero firmes, como un atún cruzando los mares.
Fluir es llevar al máximo nuestra capacidad de sentir, de estar atentos, presentes, de percibir lo que nos rodea. Es también sintonizar la mente con la frecuencia de los sentidos y dejar de lado todos esos pensamientos confusos y abrumadores.
Como verás, yo también estoy descubriendo lo que es fluir, por suerte, en algún momento de mi existencia tuve la dicha de poder fluir y sentir lo que significa andar sin resistencia. Nos invito a que tengamos paciencia, con la tranquilidad y la calma que implica saber, que la iluminación también es una ciencia.
Que vivan los magos.
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